Germany: AfD leads polls in Saxony-Anhalt with 41%, almost 20 points ahead of the CDU
Quick Look
- In Saxony-Anhalt, the regional elections show the AfD with 41% in the polls, almost 20 points ahead of the CDU (23%), while Die Linke is around 12% and the SPD 9%.
- The Greens, BSW and FDP could be left out of parliament.
- The result could mark a national turnaround, especially for the CDU, which has governed the Land since 2002.
AI-generated summary
Why It Matters
En 2021, la CDU ganó en Sajonia-Anhalt con el 37,1% y AfD quedó veinte puntos por detrás, con el 20,8%. Cinco años después, las encuestas muestran una inversión de posiciones: AfD lidera con el 41% y la CDU cae al 23%. El Land ha sido históricamente un terreno fértil para la ultraderecha, marcado por despoblación, envejecimiento y desconfianza en las instituciones. Partidos del centro han intentado contener a AfD mediante endurecimiento en inmigración y asilo, sin éxito.
«Pinocho», «belicista», «dimisión», «vete a casa». Así fue recibido hace unos días Friedrich Merz durante una visita al este de Alemania. Una mujer que le llamó «traidor a la patria» le dijo que había votado toda su vida a la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido del canciller, pero que no lo haría «nunca más».
La escena sirve de prólogo a lo que se cuece en Sajonia-Anhalt, donde hoy se celebran elecciones. La última proyección demoscópica sitúa a Alternativa para Alemania (AfD) en el 41%, casi 20 puntos por delante de la CDU, con un 23%. Die Linke (Izquierda) ronda el 12% y el Partido Socialdemócrata (SPD), el 9%. Los Verdes, con un 6%, se juegan su supervivencia parlamentaria, mientras la populista de izquierda Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) y el liberal FDP quedarían fuera del Parlamento regional.
Sajonia-Anhalt tiene apenas 2,1 millones de habitantes, pero el resultado puede provocar una sacudida de dimensiones nacionales y especialmente dolorosa para la CDU. Los democristianos gobiernan el Land ininterrumpidamente desde 2002 y hace sólo cinco años ganaron las elecciones con holgura. Ahora pueden quedar casi 20 puntos por detrás de AfD. Para Merz, que prometió reducir a la ultraderecha a la mitad, el golpe sería todavía más difícil de explicar: AfD puede duplicar el 20,8% que obtuvo en 2021.
Quizá por eso el canciller ha sido una presencia extrañamente discreta en una campaña con tanto en juego para su partido y para él mismo. En Quedlinburg, un acto inicialmente previsto en una sala con capacidad para unas 2.000 personas terminó convertido en una reunión a puerta cerrada, sin público ni contacto con los electores. El Frankfurter Allgemeine Zeitung lo resumió sin demasiados rodeos: Schulze "esconde" a Merz en la campaña.
El canciller tampoco llevó consigo una gran receta para revertir las encuestas. Su principal mensaje fue una advertencia: una victoria de AfD ahuyentaría inversiones y pondría en peligro empleos. "Sajonia-Anhalt no puede convertirse en un campo de experimentación para ciudadanos indignados", dijo. Los inversores internacionales, añadió, se lo pensarían "tres veces" antes de instalarse en un Land gobernado por la ultraderecha.
La distancia con Berlín no es exclusiva de la CDU. También el candidato socialdemócrata Armin Willingmann ha procurado marcar perfil propio frente a la dirección federal, aunque el vicecanciller y líder del SPD, Lars Klingbeil, sí acudió a apoyarle en campaña. AfD ha hecho exactamente lo contrario. Alice Weidel abrió en Magdeburgo la campaña junto a su candidato, Ulrich Siegmund, y anoche la cerró con él.
Con todos los sondeos a favor, en Sajonia-Anhalt casi nadie espera ya para saber quién ganará. Lo que se mirará esta noche es si AfD consigue convertir esa victoria en poder. Como ningún otro partido está dispuesto a formar una coalición con ella, sólo podrá gobernar si obtiene la mayoría absoluta de los escaños. Y para saber si lo consigue habrá que mirar no sólo su resultado, sino quién se queda fuera de juego.
La clave está en la barrera del 5%. Los votos de los partidos que no logren superarla quedan fuera del reparto de escaños y, cuantos más sean, menos necesitará AfD para hacerse con más de la mitad del Landtag. Quince partidos concurren a las urnas, pero sólo cuatro aparecen con claridad por encima de ese umbral: AfD, CDU, Die Linke y SPD. Los Verdes, con alrededor del 6%, están peligrosamente cerca; BSW ronda el 4% y el FDP, el 3%. La noche electoral se jugará también ahí: en saber cuántos sobreviven.
BSW es la excepción: defiende que no se excluya a AfD
BSW es, además, la excepción al cordón sanitario. Su fundadora, Sahra Wagenknecht, criada en la antigua RDA, ha calificado la política de aislamiento de AfD de "idiotez" y defiende que no se excluya por principio la cooperación con el partido en cuestiones concretas. Su candidata en Sajonia-Anhalt, Claudia Wittig, lo ha resumido de forma aún más directa: no se puede simplemente excluir a una formación que representa a alrededor del 40% de los electores.
Hasta los Verdes han terminado atrapados en esa batalla por la supervivencia. En los últimos días ha reaparecido el pasado de David Seidlitz, marido de su candidata, Susan Sziborra-Seidlitz, que en su juventud estuvo vinculado al ambiente de extrema derecha y neonazi de Quedlinburg. Ella sostiene que rompió con aquel mundo hace décadas y denuncia que la historia ha sido resucitada desde el entorno de AfD para dañarla. Una polémica aparentemente menor adquiere así otra dimensión: que los Verdes superen o no el 5% puede contribuir a decidir si AfD alcanza la mayoría absoluta.
Si Ulrich Siegmund la consigue, se convertirá previsiblemente en el primer ministro-presidente de AfD en Alemania. Pese a las protestas y al aislamiento político del partido, dispondría de una mayoría propia con la que afrontar una legislatura de cinco años sin depender de ningún socio. Si no la consigue, se abre un rompecabezas: para mantener a AfD fuera del poder habrá que construir mayorías hasta hace poco impensables, políticamente antinaturales y potencialmente frágiles.
Para frenar a la ultraderecha aparece una alianza poco estable
La CDU mantiene un acuerdo de incompatibilidad tanto con AfD como con Die Linke, pero las encuestas pueden dejarla sin una mayoría alternativa que no dependa precisamente de la izquierda. Una alianza CDU-SPD no suma y, aun entrando los Verdes, tampoco está garantizado que los tres alcancen la mayoría. Si BSW queda fuera, desaparece además otra pieza del puzle.
El escenario que se discute es tan incómodo como frágil: un Gobierno en minoría de la CDU tolerado por Die Linke. Schulze rechaza una coalición formal con la izquierda, pero ha evitado aclarar si aceptaría sus votos para convertirse en ministro-presidente. La líder de Die Linke, Eva von Angern, tampoco ofrece un cheque en blanco: su partido hará "todo" para impedir que AfD llegue a "las palancas del poder", pero cualquier apoyo tendría condiciones. Superar la investidura sería, además, sólo el principio: un Gobierno minoritario tendría que negociar después mayorías para presupuestos y leyes, con el riesgo permanente de bloqueo político.
El precedente está en Turingia. AfD ganó allí las elecciones de 2024, pero el democristiano Mario Voigt terminó convirtiéndose en ministro-presidente al frente de una coalición CDU-BSW-SPD sin mayoría propia y con votos adicionales para su investidura. Lo que entonces parecía una excepcionalidad ofrece ahora una referencia, aunque Sajonia-Anhalt puede plantear una situación todavía más difícil.
Dentro de la propia CDU, además, la posibilidad de depender de Die Linke ha abierto una batalla. Un sector sostiene que, si AfD gana, debe ser Siegmund quien intente formar Gobierno y asumir el coste de no encontrar socios. Otro, en el que se sitúan Schulze y Merz, defiende que la CDU debe intentar gobernar incluso quedando muy por detrás de AfD. El cortafuegos puede impedir que gobierne el ganador, pero no resuelve por sí solo cómo gobernarán los demás.
Las posiciones entre CDU y AfD se han invertido en cinco años
¿Cómo se ha llegado hasta aquí? En 2021, la CDU ganó las elecciones con el 37,1% y AfD quedó veinte puntos por detrás, con el 20,8%. Cinco años después, las posiciones prácticamente se han invertido. Y no ha sido por falta de intentos de contener a una ultraderecha que siempre encontró terreno fértil en este Land, el más envejecido de Alemania, marcado durante décadas por la despoblación, la marcha de los jóvenes y una elevada desconfianza hacia las instituciones. Mucho antes de AfD, en 1998, el partido de extrema derecha Unión del Pueblo Alemán (DVU) irrumpió en el Parlamento regional con casi el 13%; en 2016, AfD lo hizo con más del 24%. El 40% que ahora pronostican las encuestas no ha surgido de la nada.
Alemania ha ensayado durante estos años prácticamente todas las fórmulas. El cordón sanitario ha mantenido a AfD fuera de los gobiernos pese a sus éxitos electorales. Los servicios de Protección de la Constitución han sometido a varias de sus organizaciones a vigilancia y la de Sajonia-Anhalt está clasificada desde 2023 como extremista de derecha acreditada. Se ha debatido repetidamente su prohibición y los partidos del centro han endurecido sus posiciones en inmigración y asilo tratando, entre otras cosas, de recuperar a los votantes que se marchaban hacia AfD. Nada de ello ha conseguido detener su crecimiento.
El propio presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, resumió hace unos meses los límites de esa estrategia. "Los cortafuegos son una señal, pero no una garantía", advirtió. Defendió que no haya cooperación política con extremistas y recordó que la prohibición de un partido existe como "último recurso" de una democracia capaz de defenderse. Pero inmediatamente trasladó la responsabilidad a los partidos del centro: lo decisivo, dijo, es "hasta qué punto es convincente el discurso político del centro y cuán firmes son los partidos democráticos2.
Y repartió responsabilidades a ambos lados. A la centroderecha le corresponde mantener la frontera con la extrema derecha, pero Steinmeier advirtió también a la centroizquierda contra la tentación de "descalificar de forma generalizada como extrema derecha cualquier expresión que resulte desagradable". Hacerlo, sostuvo, también socava el cortafuegos. Puso dos ejemplos especialmente sensibles: inmigración y seguridad. Si esos asuntos no pueden discutirse sin que aparezca inmediatamente una acusación de racismo, advirtió, se acaba "cediendo a la extrema derecha la hegemonía sobre temas que preocupan e inquietan a la sociedad".
El debate sobre la prohibición de AfD ha vuelto, pese a todo, en la recta final. Pero Steinmeier ya había advertido de que esa "no es la cuestión decisiva". Alemania se construyó después del nazismo como una democracia capaz de defenderse: el Estado puede vigilar a los extremistas, perseguir los delitos que cometan y, en último extremo, pedir al Tribunal Constitucional la prohibición de un partido. Lo que no puede hacer es sustituir a los electores.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
AfD logrará la mayoría absoluta en el Landtag de Sajonia-Anhalt
Likely · Within days
La CDU intentará formar un gobierno minoritario tolerado por Die Linke si AfD no logra mayoría absoluta
Possible · Within weeks
Open Questions
- ¿Logrará AfD la mayoría absoluta en el Landtag de Sajonia-Anhalt?
- ¿Formará la CDU un gobierno minoritario tolerado por Die Linke?
- ¿Superarán los Verdes el umbral del 5% para entrar en el parlamento?
- ¿Aceptará Die Linke apoyar a la CDU sin condiciones?






