
AI-generated summary
El uso de efectivo ha disminuido significativamente en la eurozona, pasando del 68% de las transacciones diarias en 2019 al 40% en 2025, mientras que el dinero ya es mayoritariamente digital. Los instrumentos como las stablecoins y los depósitos tokenizados utilizan nuevas tecnologías pero dependen de quién los emite y qué los respalda.
La tecnología digital está cambiando la forma en que realizamos las transacciones. El uso de dinero en efectivo ha disminuido rápidamente. Por ejemplo, pasó de representar el 68% de las transacciones diarias en la eurozona en el año 2019 al 40% en 2025 y en los países nórdicos apenas se utiliza el efectivo. Los billetes de euro en circulación representan aproximadamente el 10% de la masa monetaria; el resto lo aporta principalmente el sistema bancario. De hecho, el dinero ya es digital en su mayor parte. Los instrumentos digitales, como las criptomonedas, los monederos digitales y las stablecoins —monedas digitales privadas que tienen como contrapartida una moneda, como el dólar, en forma de dinero en efectivo, depósitos o bonos del Tesoro a corto plazo— utilizan nuevas infraestructuras, nuevos “raíles”, pero difieren en quién los emite, qué los respalda, cómo mantienen la confianza en la moneda y cómo distribuyen los riesgos y los beneficios de su uso.
En el dinero digital confluyen la tecnología y el marco institucional. La liquidación casi instantánea, la programabilidad y las medidas de seguridad criptográficas están cada vez más disponibles. Sin embargo, la tecnología amplía las posibilidades del sistema monetario, pero no determina su arquitectura. La cuestión radica en quién emite el dinero, quién lo hace estable y quién asume las pérdidas en su caso. Por ejemplo, los depósitos tokenizados son derechos digitales emitidos por un banco comercial que representan un derecho de cobro, en una proporción de uno a uno, sobre la moneda fiduciaria que se mantiene en esa institución. Actúan como una envoltura tecnológica del dinero bancario, permitiendo moverlo a través de la cadena de bloques (blockchain), pero manteniendo las protecciones regulatorias y de supervisión de la banca tradicional.
Este no es el caso de las stablecoins, cuyo objetivo es que la moneda mantenga la paridad con el dólar —actualmente, el 99% están denominadas en dólares— al igual que un fondo monetario. Estados Unidos las está impulsando con la esperanza de que fortalezcan la demanda de bonos del Tesoro a corto plazo y así financiar la deuda pública. Tether y Circle, las dos stablecoins con mayor volumen en la actualidad, tienen ahora conjuntamente más bonos del Tesoro de Estados Unidos que las reservas acumuladas por Arabia Saudí. Tenderán a impulsar la dolarización en economías donde la moneda no es estable, así como a facilitar las transferencias internacionales. Hay más: han desplazado las criptomonedas, como el bitcoin, para realizar actividades ilícitas y evadir sanciones internacionales.
Los bancos centrales empezaron a preocuparse por emitir moneda digital cuando Facebook (actualmente conocida como Meta) lanzó el proyecto Libra, que se consideró una amenaza potencial para la soberanía monetaria. Estados Unidos y la eurozona han tomado caminos muy distintos. La Administración estadounidense ha prohibido incluso estudiar el dólar digital, dejando las monedas digitales en manos del sector privado, mientras que el Banco Central Europeo (BCE) está considerando el euro digital, tanto para las transacciones mayoristas como para las minoristas, como un elemento tanto de eficiencia en las transacciones como de soberanía europea. El organismo presidido por Christine Lagarde quiere preservar el ancla monetaria y el sistema de pagos, que hoy depende en gran medida de infraestructuras digitales y de empresas estadounidenses.
Tal como afirmamos en el informe titulado Digital Money (CEPR-IESE, 2026), el dinero digital es tanto una cuestión tecnológica como una cuestión institucional y política. Los distintos actores pujan por alcanzar sus objetivos. Los bancos comerciales quieren proteger sus franquicias de depósitos y su financiación barata, mientras que los bancos centrales quieren preservar el señoreaje —el beneficio que obtienen por la emisión de moneda—, la autonomía monetaria y el ancla pública del orden monetario. Los gobiernos pueden tener objetivos de financiación de su deuda, como en Estados Unidos actualmente, y geopolíticos para imponer o evadir sanciones internacionales. China promueve el yuan y Europa el euro para ganar autonomía, y países como Rusia e Irán huyen del dólar para evitar sanciones extraterritoriales de la Administración estadounidense.
AI outlook — possibilities, not facts
El Banco Central Europeo avanzará hacia un piloto o lanzamiento limitado del euro digital para transacciones minoristas dentro de los próximos 12 meses.
Likely · Within months
El uso de stablecoins denominadas en dólares seguirá creciendo en economías con monedas inestables como medio para acceder a la estabilidad del dólar y evadir controles de capital.
Likely · Within months

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