Una encuesta de Ipsos para La Vanguardia revela un aumento significativo de la ultraderecha catalana y española, el descenso de Junts y el PSC, y una imposibilidad de formar mayorías coherentes en el Parlament de Catalunya, pese a sumas aparentes de escaños por bloques ideológicos.
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El sondeo de Ipsos para La Vanguardia se realizó entre el 23 de septiembre y el 1 de octubre de 2026 sobre una muestra de 2.000 entrevistas, en un contexto de creciente fragmentación política en Catalunya tras las elecciones autonómicas de 2024 y el declive de los partidos tradicionales independentistas y constitucionalistas.
Mientras España entra en el terreno de la relatividad electoral, Catalunya avanza aceleradamente hacia una entropía ingobernable. La encuesta de Ipsos para La Vanguardia , realizada entre los días 23 de septiembre y 1 de octubre sobre una muestra de 2.000 entrevistas, dibuja un escenario caótico y fragmentado en el que el ascenso imparable de la ultraderecha (catalana y española), el hundimiento de Junts y la caída del PSC dinamitan cualquier mayoría coherente o al menos viable.
Las estimaciones arrojan cifras escalofriantes para los dos partidos catalanes que se han repartido la hegemonía en Catalunya desde la transición democrática: el PSC no solo no capitaliza su acción de gobierno sino que pierde 12 escaños (cae de los 42 que obtuvo en los comicios del 2024 a una expectativa de 30, ahora). Por su parte, Junts sufriría un descalabro de dimensiones planetarias: cedería 19 escaños y pasaría de los 35 diputados actuales a un pronóstico de 16. Solo Esquerra resistiría, con un saldo de tres diputados más (hasta 23), mientras que los populares cederían cuatro escaños (se quedarían en 11) y los Comunes, dos (de seis a cuatro).
Únicamente las fuerzas de extrema derecha experimentarían una mejora sustancial (de magnitudes inéditas en el caso de la ultracatalanista Aliança Catalana), ya que la formación de Sílvia Orriols pasaría de dos escaños, en mayo del 2024, a 30 en la actualidad. A su vez, Vox cosecharía 18 escaños, siete más que hace dos años. En ambos casos, ese despegue se sustentaría sobre la canibalización de sus respectivos competidores en el espacio conservador: Junts sería el principal damnificado por el ascenso de AC, y el PP, por el de Vox.
Ese avance hacia el caos político acerca a Catalunya a las paradojas del universo cuántico, en el que los sujetos pueden estar simultáneamente vivos y muertos. El independentismo, por ejemplo, no encarna por ahora ningún proyecto viable tras el fiasco del procés (y seguiría por debajo del 50% de los votos). Pero las fuerzas secesionistas sumarían de nuevo una mayoría sólida: 72 escaños. El problema es que la principal formación independentista sería hoy Aliança Catalana, con el mismo número de escaños que el PSC, pero sin otros socios posibles que Junts (lo que reuniría un total de 46 diputados).
La misma paradoja se registra en el eventual giro a la derecha de la Cámara catalana: las fuerzas de orientación conservadora (AC, Vox, Junts y PP) sumarían ahora una holgada mayoría absoluta de hasta 75 escaños. Sin embargo, a efectos de la gobernabilidad, su antagónico signo identitario las hace tan incompatibles como el agua y el aceite. Aun así, la agenda programática contraria a la inmigración contaría en el Parlament con la nada despreciable cifra de 48 escaños, por lo menos.
Finalmente, no hay paradoja cuántica en el caso de las fuerzas de izquierda. Socialistas, ERC, Comuns y la CUP reunirían únicamente 60 diputados (a ocho de la mayoría absoluta), por lo que difícilmente podrían gobernar con el resto de la Cámara en contra. Solo una improbable fórmula que reuniera a las dos fuerzas de centroizquierda (PSC y Esquerra) junto a la declinante Junts podría componer una mayoría operativa de 69 escaños.
Las percepciones que explican este terremoto electoral quedan perfectamente reflejadas a lo largo del sondeo. Por ejemplo, la mitad de los consultados por Ipsos (la misma cifra que en el sondeo de hace un año) considera que Catalunya va “por mal camino”. Pero, simultáneamente, ha caído seis puntos –hasta el 20%– el porcentaje de quienes piensan que el país va “en la buena dirección”. Solo entre los votantes del PSC son una clara mayoría (42%) los que juzgan positivamente la marcha de Catalunya. Y por edades, los más críticos son los jóvenes (hasta un 60% de opiniones negativas), mientras que los más benevolentes son los mayores de 65 años (pero con solo un 30% de opiniones positivas).
La evaluación de la situación política catalana también registra un retroceso (de seis puntos) de las percepciones favorables (hasta el 23%). Y de nuevo, solo entre los votantes de Salvador Illa son mayoría (pero solo la mitad de los consultados) quienes emiten un juicio positivo. Entre los electores de ERC y, sobre todo, de los Comuns se impone una valoración “regular” de la coyuntura política. Únicamente la evaluación de la situación económica refleja una cierta estabilidad, pero con mayoría de juicios negativos (del 45%, tres puntos menos que hace un año), que seguramente responden al contexto de subida de precios que oscurece la sostenida creación de empleo.
La insatisfacción política se refleja sobre todo en la valoración de la gestión del Govern del socialista Illa (y en la percepción creciente de que no cumple con sus promesas programáticas). Las opiniones positivas sobre la gestión del Ejecutivo catalán han caído nueve puntos en un año y solo suponen una cifra significativa entre los votantes del PSC (aunque únicamente entre el 49% de ellos), mientras que caen al 41% entre los electores de los Comuns y al 34% entre los de Esquerra (donde domina la nota “regular”).
El telón de fondo de la evaluación crítica del Govern lo compone el listado de los principales problemas de Catalunya. La vivienda figura en primera posición, citada por un tercio de los consultados. Y es la principal preocupación para los electores de izquierdas y, ya con menor intensidad, también para los de Junts y el PP. La inmigración figura como el segundo problema más importante de Catalunya, y es el principal para los votantes de AC y Vox. Ahora bien, y aunque en mucha menor medida, este tema constituye la segunda preocupación del electorado socialista o de ERC, y, en mayor grado, del PP y de Junts. En este punto, y para entender la deriva populista de una parte del electorado de centroderecha, cabe destacar que la tercera preocupación (casi empatada con la segunda) de los votantes de Puigdemont o de Feijóo es “la política” como un grave problema.
De ahí que, con una expectativa de participación similar, las trasferencias de voto reflejen el deterioro de los apoyos electorales de los principales partidos. El PSC, por ejemplo, cuenta con una fidelidad del 62% de quienes votaron a Illa en el 2024, mientras que uno de cada diez apoyaría ahora a Aliança (lo mismo que el 12% de los votantes de Esquerra). Y en el caso de Junts, la fidelidad cae al 44% de sus antiguos electores, frente a un tercio que respaldarían ahora a Orriols.
De hecho, en el capítulo de líderes, solo el republicano Rufián cosecha la aprobación de más del 50% de los consultados. Illa únicamente obtiene el plácet del 36% (nueve puntos menos que hace un año) y Oriol Junqueras, del 35%. Y a continuación ya aparece Orriols (30%), ocho puntos por encima de Puigdemont (con un nivel de aprobación del 22% de los consultados y el mayor grado de desaprobación: lo suspende el 67%).
AI outlook — possibilities, not facts
Ningún bloque ideológico podrá formar mayoría absoluta tras las próximas elecciones catalanas
Likely · Within months
Aliança Catalana será decisiva para cualquier intento de gobierno, pese a su falta de socios naturales
Possible · Within months
El tema de la inmigración ganará peso en la agenda parlamentaria pese a no ser la preocupación principal del electorado global
Very likely · Within weeks

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