Más de un mes después de la avalancha migratoria en Ceuta el 30 de julio, el Gobierno español no ha ofrecido una explicación convincente sobre sus causas, enfrentando versiones contradictorias entre ministros y un informe policial que apunta a Marruecos sin pruebas concluyentes, lo que erosiona su credibilidad y complica la gestión fronteriza.
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La avalancha migratoria en Ceuta el 30 de julio involucró a más de 70.000 personas que intentaron cruzar la frontera nado o por tierra, generando una crisis humanitaria y de seguridad que el Gobierno español aún no ha explicado con claridad.
La crisis de Ceuta avanza marcada por la ausencia de una explicación convincente a lo que ocurrió el día 30 de julio. Cuando no se dispone de un diagnóstico claro sobre las causas, difícilmente se puede ser efectivo en la solución y mucho menos prevenir que no vuelva a ocurrir. Más de un mes después, el Gobierno no ha aportado un relato convincente sobre el origen de la avalancha de migrantes. Podría alegar que quizá sea imposible conocer quiénes están detrás del asalto a la frontera, pero el problema es que el Ejecutivo ha emitido versiones diferentes y contradictorias. Cuando eso ocurre en la gestión de una crisis, el desastre es evidente.
El primer síntoma de discrepancias entre versiones fue el choque entre los ministros de Defensa e Interior. Margarita Robles defendiendo que el CNI avisó y Fernando Grande-Marlaska y el resto del Gabinete sosteniendo lo contrario. La reputación de los servicios secretos se ha puesto así en entredicho. El centro de inteligencia mantiene que no solo se advirtió del incremento de llegadas de migrantes a nado en las semanas anteriores vinculadas a una interpretación torticera de una sentencia del Tribunal Supremo, sino que se avisó de que se preparaba una entrada masiva para el 30 de julio, festividad del trono en Marruecos. Incluso de que el potencial de la avalancha podía alcanzar las 180.000 personas (fueron más de 70.000). Hay que tener en cuenta que los informes del CNI se remiten a la ministra de Defensa y a la presidencia del Gobierno. Una ristra de ministros salvo Robles e incluso el propio Sánchez admitieron que supieron de un incremento de las entradas irregulares, pero perfectamente atribuibles a los incrementos migratorios de la zona en verano. La Moncloa negó haber contado con ninguna información que permitiera atisbar semejante avalancha. De hecho, algunas fuentes en privado cuestionan la eficacia del CNI en este asunto. Para el Gobierno, cualquiera de las explicaciones es perjudicial: si el presidente o un ministro fueron informados, ¿por qué no respondieron con rapidez?; si no lo fueron, ¿acaso España no dispone de servicios de inteligencia que detecten el movimiento de miles de personas al otro lado de una frontera tan sensible como la de Ceuta?
A esa confusión se ha sumado esta semana otra de igual calibre. El Español publicó que la juez de la Audiencia Nacional María Tardón, que investiga lo ocurrido, recibió el lunes pasado un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), una especie de servicios de inteligencia de la Comisaría General de Extranjería de la Policía Nacional, que apuntaba a Rabat. En ese documento, decía el digital, se apuntaría a gendarmes marroquíes a las órdenes de agentes de paisano que habría guiado a los migrantes para colapsar la frontera española. El ministro del Interior volvía a estar en el punto de mira: ¿no sabía nada o lo ocultó? Lo cierto es que la magistrada “dio órdenes” a los responsables policiales de que no informaran a sus superiores del contenido del informe, pero éste finalmente salió a la luz ayer.
Se trata de un dossier elaborado a posteriori, a partir de las imágenes captadas del asalto. De la lectura del documento se deduce que los policías que lo han escrito sospechan de Marruecos, incluso acusan a gendarmes y militares de ese país de facilitar la entrada en Ceuta y vienen a decir que todo estaba tan planificado y organizado, que se necesitaba tal nivel de coordinación y de disponibilidad de herramientas digitales que no es creíble que lo hubieran montado solo las mafias que se forran con el tráfico de personas. Es más, describe otros precedentes, como los de 2021 y 2024 como ensayos del actual. Incluso concluye que el despliegue marroquí del 15 de agosto para frenar un supuesto segundo intento de avalancha fue un montaje organizado para “blanquear la respuesta de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”. En definitiva, blanco y en botella. O sea, a buen entendedor... Marruecos estuvo detrás de todo. Pero el informe no saca esa conclusión tan directa y explícita. Reconoce que todo ese relato son factores que hacen sospechar, pero admite que “la autoría intelectual y directiva” es “difusa” y “difícil de determinar”.
A eso se agarra el Gobierno para insistir en que no existen pruebas de que Marruecos instigara y organizara la “invasión” de territorio español con fines políticos, que solo pueden ser la reivindicación de soberanía sobre Ceuta y Melilla, así como recordar a la Moncloa (y a Europa) la capacidad de presión de ese país. El propio Sánchez dijo el lunes en la SER que sin pruebas no podía lanzar una acusación directa. Pero la presión del PP es cada vez mayor, incluso más que la de Vox (Marruecos se ha convertido en un aliado preferente de Trump). El PP muestra así a un presidente débil, rehén del régimen de Marruecos y desliza una vinculación con el espionaje del móvil del presidente mediante el programa Pegasus.
Conocer el papel de Marruecos en esta crisis es esencial. Sin la cooperación de ese país difícilmente se puede regular el flujo de la frontera, sobre todo si no se quiere asumir desde las fuerzas de seguridad españolas la mala imagen de repeler las entradas de forma violenta. Pero no se puede olvidar que, para Rabat, la aspiración territorial sobre Ceuta y Melilla está plenamente vigente. Es un equilibrio difícil, pero el Gobierno se ha metido en un baile de versiones que erosiona su credibilidad, un problema peor incluso que la falta de reflejos a la hora de gestionar las soluciones.
AI outlook — possibilities, not facts
El Gobierno español enfrentará nuevas presiones parlamentarias para esclarecer el papel de Marruecos en la avalancha de Ceuta.
Likely · Within weeks
La jueza María Tardón podría ampliar su investigación si aparecen nuevos elementos sobre la supuesta coordinación marroquí.
Possible · Within months
Una jueza federal de Maryland ha bloqueado cautelarmente el segundo decreto de la Administración Trump para restringir la ciudadanía por nacimiento, considerándolo probablemente inconstitucional tras un reciente fallo del Tribunal Supremo.

El PSOE de Madrid ha denunciado ante la Agencia de Actividades del Ayuntamiento la oferta de viviendas turísticas sin licencia en Las Cárcavas, próxima al circuito de Fórmula 1, con precios que superan los 17.000 euros para el fin de semana de la carrera.
La Policía Nacional ha entregado un informe a la jueza María Tardón que cuestiona la versión del Gobierno sobre la crisis migratoria de Ceuta de julio, señalando una operación coordinada y la 'casi activa' de las autoridades marroquíes en la frontera, pese a que el Gobierno sostiene que fue una entrada espontánea. El informe ha generado tensiones internas en el Ejecutivo, incluyendo una carta del ministro Grande-Marlaska al director de la policía pidiendo explicaciones.
Casi 880 kilómetros separan la Plaza de San Marcelo (León) de la Plaza de los Reyes de Ceuta. En ambos sitios ayer, al filo del atardecer, los vecinos se concentraron en apoyo a Ceuta. Sus consistorios se habían hecho eco, como tantos otros por toda la geografía española, de una cita que el PSOE había tildado de "partidista" y cuyo seguimiento desalentó. Lo hizo, sin embargo, en vano: ayuntamientos de todos los signos -en León el alcalde es socialista- y vecinos de todas las afinidades políticas salieron ayer a la calle "por Ceuta", haciendo transversal un clamor que aísla al Gobierno. Miles se manifestaron en Ceuta -diputados del PSOE incluidos- y entre 50.000 y 150.000 en Madrid, que unió a la derecha como hacía casi tres años que no sucedía. Alcaldes socialistas de todos los rincones de la Península, de Gandía (Valencia) a Mérida, convocaron en las calles esquivando el veto de Ferraz. Y otros dirigentes del PSOE, como el barón menos alineado con la dirección nacional, Emiliano García-Page, encontraron la manera de manifestar su apoyo sin incumplir la instrucción de no secundar las concentraciones -el castellanomanchego lo hizo con un vídeo-. Hasta Bruselas llegó el gesto hacia Ceuta ante el que el Gobierno se limitó a trasladar su "máximo respeto". Ante el mensaje unánime que inundó ayer las calles y las redes, incluso el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, publicó un vídeo de apoyo al pueblo ceutí en el que decía "hacerse cargo de que, para muchos" vecinos, "hasta que no se recupere la normalidad la respuesta del Estado es insuficiente". De ello dieron cuenta los abucheos y gritos de "dimisión" que se escucharon en el acto institucional por el Día de Ceuta que se celebró por la mañana en la ciudad, y que iban dirigidos al delegado del Gobierno y los ministros allí desplazados. Tanto Moncloa y Ferraz como las federaciones socialistas han evitado durante toda la semana censurar a los alcaldes socialistas que sí secundaron el clamor por Ceuta -más allá del calificativo de "versos libres" que les concedió la portavoz del PSOE-, conscientes de que la transversalidad del gesto por Ceuta desbordaba cualquier intento de desmovilizarlo. El PP contó 1.996 concentraciones en España, 72 de ellas en ayuntamientos socialistas. Una marea que recorrió el país de arriba a abajo en un momento político clave: a las puertas de un año electoral que someterá a examen no solo a Sánchez, sino también a los alcaldes de su partido. Un matiz que da aún más simbolismo al gesto de aquellos ediles que se desmarcaron de la pauta dictada por Ferraz. "Yo me he querido concentrar porque creo que es lo mejor que podemos hacer, sin ningún enfrentamiento y con pleno apoyo al pueblo de Ceuta. Mi criterio es propio y creo que lo he demostrado siempre, también en esta ocasión, sin enfrentar y sin dividir", justificó el alcalde de Gandía, José Manuel Prieto, que salió a la calle por la mañana, alejándose de la convocatoria oficial de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) que los socialistas ven "partidista". Lo mismo hizo el alcalde de Mérida (PSOE), Antonio Rodríguez Osuna, cuyo ayuntamiento reclamó al Gobierno "la defensa de la soberanía territorial de Ceuta". A las 20.00 horas salió a la calle el edil socialista de León, José Antonio Diez, sin que su crítica a la convocatoria de la FEMP impidiera que secundara el clamor unánime que a esa hora recorrió España en respaldo a Ceuta. Eso sí, también los gritos de "Sánchez dimisión" fueron tónica en muchas ciudades, de Sevilla a Murcia. "Queremos votar", se coreó en Cibeles. "¡Ceuta no se vende!". "España se defiende". Banderas nacionales e himno. "España, unida, jamás será vencida". Era lo que se decía, veía y escuchaba al unísono por todos los rincones del país. Y en la ciudad autónoma los manifestantes, vía carteles, respondían: "De Ceuta a España: gracias". Geográficamente, y también ideológicamente, el país no era testigo de una marea tan amplia desde las movilizaciones contra la amnistía que se produjeron al inicio de la legislatura. Y no solo porque a las concentraciones de ayer se sumaran políticos y ciudadanos de la izquierda -hubo también, eso sí, protestas "contra el racismo" en Madrid, Cataluña y País Vasco-, sino porque también estas sirvieron para unir al más alto nivel a la oposición como no sucedía desde entonces.
Veintidós años después, la sentencia del desaparecido dirigente socialista sigue teniendo validez. También sobre la violación de la integridad territorial de España acaecida en Ceuta merecen los españoles la verdad. Pero lo que crece a diario es la sospecha, cuando no la convicción, de que la versión oficial mantenida contra el viento y marea de las pruebas y los hechos pivota sobre un embuste consciente. También, como hace más de dos décadas, se advierte un miedo paralizante en el Ejecutivo provocado por el propio convencimiento de que la verdad desnuda le provocará un daño político de mayor enjundia que la versión que defiende. El informe que el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (Cenif), integrado dentro de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, ha remitido a la Audiencia Nacional puede hacer añicos la narrativa gubernamental. No solo la inteligencia policial avisó de lo que se venía encima con anterioridad, sino que además apunta al régimen marroquí como responsable. Así pues, mientras Sánchez defendía en su entrevista de reaparición en la cadena Ser que la culpa era de la internacional ultraderechista, Israel, Rusia y las mafias, en la Audiencia Nacional se recibían documentos que menoscaban esas afirmaciones en favor de una indudable atribución al gobierno marroquí. Mientras el presidente comprometía su palabra afirmando que no existían avisos previos sobre lo que podía suceder, el mismo informe remitido a la jueza María Tardón recogía una nota de la inteligencia policial del día 29 de julio que a ponía negro sobre blanco el riesgo cierto de invasión. Una demolición. Una carga de explosivo en los débiles cimientos de la cháchara presidencial y ministerial del último mes que queda reducida a polvo y cascotes. La comparecencia de Sánchez hoy en el Congreso, que debía dar continuidad y reforzar sus explicaciones radiofónicas, se producirá con el depósito de la credibilidad y la de su Gobierno casi vacío. La única manera de salir del aprieto es alegar desconocimiento y seguir negando. Esa es la estrategia que ha puesto en marcha el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con una carta dirigida al también político Francisco Pardo, director general de la Policía. La respuesta ha sido de lo más rápida. Erre que erre pese a las evidencias: no hubo avisos y de Marruecos, nada de nada. El férreo control ministerial impuesto en el funcionamiento de toda la primera línea de mando de la Policía Nacional desde hace tiempo impide dar mucha credibilidad al alegato de ignorancia con el que el aparato de Interior pretende blindarse a sí mismo y al presidente. La trinchera de desconocimiento del ministro y de la secretaria de Estado de Seguridad es complicada de defender, dados los protocolos de comunicación con los que trabajan las distintas unidades policiales, incluyendo Cenif. Pero permite a las fuentes gubernamentales, eso sí, hacer circular por lo bajini la idea de una nueva conspiración, ahora de la Policía Nacional, contra el Gobierno. También en el 11-M sucedieron cosas similares. Las notas a las que ya hemos tenido acceso impiden defender la idea de que no hubo avisos previos y que Marruecos estaba al margen del ataque híbrido padecido. La versión gubernamental se ha diluido ya como un azucarillo. Harán bien en recordarse a sí mismos en la Moncloa, la prescripción de su malogrado compañero de siglas: los españoles merecen un gobierno que no mienta. Con independencia del color de sus siglas, añadimos nosotros.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante el Congreso para explicar la gestión del Ejecutivo en la crisis migratoria de Ceuta tras un informe policial que señala a personas vinculadas a las fuerzas de seguridad de Marruecos como organizadores de una entrada masiva planificada. Sus socios y la oposición exigen explicaciones, mientras el PP pide convocar a la embajadora marroquí.