El director Luis Guridi y los actores Arturo Valls y Alex O’Dogherty recuerdan la génesis de la serie de culto que revolucionó la comedia española entre 2005 y 2009.
Un repaso a la creación de la serie 'Camera Café', desde la lucha del director Luis Guridi por su casting hasta la existencia de un capítulo censurado sobre el rey Juan Carlos, destacando su impacto cultural y el ambiente de trabajo único del elenco.
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Camera Café fue una serie de comedia española emitida entre 2005 y 2009, basada en un formato original francés. Se caracterizó por su estilo de sketches cortos ambientados frente a una máquina de café.
“Si os soy sincero, no pensé que fuéramos a durar más de dos semanas”, reconocía hace unos días el cómico Alex O’Dogherty en su cuenta de Instagram, recordando el inicio de las grabaciones de Camera Café (2005). En las imágenes que compartió, podía verse a los actores en los ensayos o al equipo escondido detrás del plano, en el lugar de esa máquina de café ante la que comparecían los personajes y que, en realidad, nunca estuvo ahí. Con más de 11.000 me gusta al cierre de este artículo, las reacciones a las fotos de O’Dogherty son un recordatorio del lugar que ocupa Camera Café en el corazón del público contemporáneo, el que la vio en su momento, el que la descubrió en sus reposiciones en la TDT o el que la rescató por la película de 2022. “Cada español podía identificarse con algún personaje (o identificar a un jefe o compañero/a de trabajo)”, escribía una usuaria. “Me la pillaría en DVD y la pondría junto a Frasier, Cheers y Seinfeld”, comentaba otro.
Como sucedió con series españolas con las que comparte estatus, como Aquí no hay quien viva (2003), los intérpretes crecieron con sus personajes y tuvieron notables carreras después. Arturo Valls se consolidó como actor, Ana Milán es uno de los rostros más populares de la televisión (y las redes), mientras que Esperanza Pedreño ha cosechado premios con otra serie, Poquita fe (2023), cuyos creadores, Pepón Montero y Juan Maidagán, fueron piezas esenciales en los guiones de Camera Café. “Me quedaban 200 euros en el banco. Me llamaron y no sabía muy bien qué era, ¡cogía lo que fuese!”, reconoce a ICON Alex O’Dogherty, que gira actualmente por España con su espectáculo Palabras mayores, y cuya suerte cambió de la mano de la comedia de Telecinco. “No es que no tuviera ilusión, pero estaba muy escéptico”. Lejos de sus pronósticos, esta propuesta de surrealismo costumbrista que seguía el día a día de unas oficinas desde su máquina de café duró desde el 18 de septiembre de 2005 hasta el 1 de septiembre de 2009 en la franja conocida como access prime time (entre las 21:30 y las 22:00). Cada episodio se componía de varios sketches de corta duración con un prólogo y un epílogo.
Con una audiencia media de 3,6 millones de espectadores durante su vida original, el retrato de ese entorno laboral de dedicación desconocida provocó risas cómplices entre un público que lo veía como un espejo. “Hablaba de los seres humanos, del comportamiento de la gente, pasado por el filtro del humor, la locura y el absurdo”, reflexiona Alex O’Dogherty, a quien siguen relacionando con Arturo Cañas, su malencarado y cortante personaje. “Es una cosa que todo actor o actriz sueña que le pase, un regalo de la vida. Recuerdo que me llegaban los guiones y me emocionaba, contaba las horas para grabar”.
La accidentada génesis de Camera Café justificaba las dudas de O’Dogherty. El formato original francés de mismo nombre, estrenado en 2001, ya tuvo una versión española que no cuajó, Café Express (2003), emitida en televisiones autonómicas, que contó, entre otros, con Antonio de la Torre en el reparto. El éxito del remake italiano motivó a la productora de allí, Magnolia, a reintentarlo en España. El encargo le llegó al director Luis Guridi. “Cogimos parte del ritmo italiano, que nos gustaba mucho y era más alegre. Del francés, nos quedamos con la acidez”, explica a ICON Guridi. El director estableció una línea roja: tener la última palabra para reparto y guionistas, lo que desencadenó una lucha.
“Los italianos nos dieron bastante la lata”, confiesa. “Ellos querían hacerlo a la italiana. No les gustaba la versión que creamos del personaje de Cañizares, más etérea, en su mundo, para el que Esperanza Pedreño era perfecta. Claro, tenías que ver cómo era la italiana, una mujer que bajaba al garaje a ver si la violaban. Yo les decía que eso en España no hacía gracia a nadie”.
La apuesta en la adaptación fue cambiar la dinámica de las versiones europeas, protagonizadas por los equivalentes a los empleados Jesús Quesada (Arturo Valls) y Julián Palacios (Carlos Chamarro). “Éramos muy fans de Berlanga, por eso aportamos una coralidad y llevamos a los secundarios hacia adelante. Parte del éxito vino de ahí, eran personajes reconocibles en las empresas y en la vida. Nuestro jefe [Antúnez, interpretado por Luis Varela] no tenía nada que ver con el francés, unos días quería coleguear con los empleados y al día siguiente echarlos a la puta calle. ¡Ese tipo de jefe tan español!”.
Antes de Camera Café, Luis Guridi había dirigido tres películas con Santiago Aguilar, con quien formaba el tándem La Cuadrilla. Por Justino, un asesino de la tercera edad (1994), comedia negra sobre un puntillero de toros que, tras su jubilación, se reinventaba como asesino en serie, ganaron el Goya a la mejor dirección novel. Fue la primera parte de una trilogía, España por la puerta de atrás, donde a su sátira del toreo le siguió otra vinculada al fútbol, Matías, juez de línea (1995), y otra a la política, Atilano, presidente (1998). “Iban de personajes de segunda fila, pero muy de aquí. Todo mi trabajo siempre ha sido alrededor de personajes, por eso di tanta importancia al casting”, explica Guridi, a contracorriente de Magnolia y Telecinco en algunas decisiones.
“César Sarachu [Bernardo] y Esperanza Pedreño me fueron negados hasta la extenuación. A César le llamaban ‘el sueco’, porque vivía y trabajaba en Suecia, ya que se había casado con una mujer de allí. Todo el rato decían que el sueco no. Nos fuimos a mi casa, ensayamos y, al día siguiente, grabamos una prueba para que yo subiese a los despachos de los jefes y la vieran. Fliparon, no podían decir que no eran los personajes”, celebra. “La gente quería mucho a Bernardo y Cañizares. A todo el mundo les encantaron, menos a quienes tenían que pagar los viajes de César”.
Otro actor imprescindible en el triunfo de Camera Café que estuvo cerca de no pasar el corte fue Arturo Valls. “Cuenta la leyenda que hubo directivos de Mediaset [el grupo que opera Telecinco] que, cuando vieron el casting, dijeron: ‘Esto no puede ser, ¡son todos feos!”, rememora entre risas Valls, al teléfono con ICON. “Luis se alejaba del cliché de actores que debían tener cierto atractivo y apostó por gente que le venía bien al personaje”. El humorista valenciano venía de darse a conocer como reportero en la primera época de Caiga quien caiga, que finalizó en 2002. Acudió al casting de Camera Café porque, por contrato con Telecinco, podía presentarse a los procesos de las series. “Cuando vino, una de las responsables me dijo: ‘Haz el paripé, este chico viene por contrato’. Pero me moló”, cuenta Luis Guridi. “Él siempre insistía en que no era actor y, efectivamente, en esa primera prueba no lo hizo bien, pero me gustaba el aire que le daba al personaje. Tuve que lucharle bastante, porque decían que era un presentador. Grabamos una cinta y vieron que funcionaba”.
Con todo encarrilado y la serie lista para emitirse, hubo un golpe de timón. “Me dijeron que vendría una señora italiana a despedirme, que me habían dicho que cambiara de guionistas y no quise, que no les gustaban algunos actores y no hice caso…”. Antes de que la reunión se produjera, se estrenó el primer bloque de episodios de Camera Café (cada entrega tenía unos cinco segmentos de seis minutos cada uno). Arrasó. “La reunión nunca se produjo, ni siquiera me llamaron para suspenderla. Estuve cinco años gracias a eso y me dejaron muchísima libertad”. Al hilo de esa libertad, el director considera que ha pasado tiempo para airear otra confidencia: en algún almacén de Telecinco, existe un capítulo rodado, montado y nunca emitido. Se titula Bufón.
“Siempre hicimos lo que quisimos. Recibíamos protestas de asociaciones, respondíamos y nunca pasó nada. Lo único intocable resultó ser el rey”, explica. “Iba de que Jesús [Arturo Valls] contaba que había estado en un coñazo de boda y, como era un sitio grande, cambió de boda en boda hasta dar con una de puta madre, donde se hizo amigo de un tío muy salado, campechano, con el que estuvo contando chistes, tomando canapés, gintonics…”. Jesús Quesada no identificaba a su compañero de juerga, hasta que, al sacar una moneda para el café y ver la cara del reverso, caía en que había estado con el rey Juan Carlos. La trama avanzaba con que el monarca se hacía íntimo de Quesada y le llamaba continuamente. “Acababa de llegar un nuevo director de contenidos a Telecinco y le pareció que no debía arriesgarse”, lamenta Guridi. “Tampoco montamos un Cristo, había una sensación de que con el rey no podías hacer chistes. Todo el mundo sabía la vida que llevaba, pero nadie se metía”.
Arturo Valls no recuerda el capítulo. “La premisa me parece genial, me encantaría verlo. Son muy afines Quesada y el emérito, ¡conectarían bien seguro!”. Lo que sí recuerda, igual que Alex O’Dogherty, fueron los “días muy felices” que vivieron como grupo y la formación que supuso para la parte emergente del reparto. “Era como hacer teatro a diario, esos planos largos no eran lo habitual. Era un formato sorprendente en lo formal, una especie de viñetas, como un cómic”, dice Valls. “El ambiente era maravilloso”, agrega O’Dogherty. “He vivido cosas chulas en esta profesión, pero puede haber sido la mejor. A todos los compañeros me da alegría encontrarlos siempre que tengo posibilidad. Es una pena que dos ya no estén con nosotros, Javier Manrique, que falleció muy joven, y Mercedes Luzuriaga, que murió con 95 y seguí viéndola hasta los últimos días”.
Fundamental en ese ambiente fue que el plató funcionase “como una burbuja”, a fin de abstraerse de otros sets de Telecinco. “Estábamos rodeados de lo que había en esa época, Aquí hay tomate y demás, con malos rollos, jaleos de relaciones… Para nosotros era importante que el ambiente fuera divertido, y lo respetaron”, describe el director. En cuanto a la cancelación en 2009, cree que la serie se vio perjudicada por cambios de franja. “La empezaron a mover por el programa de [José Luis] Moreno, Escenas de matrimonio [2007]. Hubo un momento en que me pidieron algo nuevo y se nos ocurrió Fibrilando”. Situada en el edificio de Camera Café, esta comedia imaginaba que, unas plantas más abajo, había una clínica, con versiones alternativas del mismo elenco. “En una oficina, el absentismo no provoca nada. En una clínica, provocaba que la gente muriese. A Paolo Vasile [entonces consejero delegado de Mediaset España] le encantaba, decía: ‘L’humorismo nero me encanta”.

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