Por qué creer que nuestras acciones influyen en el mundo es clave para el éxito personal y empresarial
Estudios económicos y psicológicos demuestran que el locus de control interno —la creencia de que nuestras acciones influyen en los resultados— impulsa el empleo, el ahorro, la crianza activa y la adopción tecnológica en empresas.
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El concepto de locus de control fue desarrollado en los años sesenta por el psicólogo Julian Rotter.
Si pudiera otorgar cualquier cualidad a sus hijos, ¿cuál elegiría? ¿Gran inteligencia? ¿Empatía por la humanidad? ¿Mucho más respeto por sus padres? ¿La capacidad de pasar delante de la nevera sin abrirla?
Deborah Cobb-Clark, economista de la Universidad de Sídney, tiene una respuesta diferente: un locus de control interno. El concepto de locus de control fue desarrollado en los años sesenta por un psicólogo de nombre memorable, Julian Rotter [en inglés, rotter significa sinvergüenza]. Está estrechamente vinculado a la idea de acción. Las personas con locus de control interno creen que son capaces de influir en el mundo que les rodea; quienes tienen un locus de control externo tienden a pensar que la suerte, el destino u otras personas determinan su sino.
Resulta que ser una persona con locus de control interno es bastante útil. Motiva el esfuerzo: un estudio realizado por Cobb-Clark y sus coautores analizó a un grupo de personas que acababan de perder su empleo en Alemania y descubrió que quienes tenían un locus de control más externo buscaban trabajo con menos intensidad que los internos. Al fin y al cabo, ¿para qué dedicar tiempo a buscar trabajo si los resultados no dependen de las acciones de uno? Además, los externos tenían menores salarios de reserva, es decir, el salario mínimo que estaban dispuestos a aceptar para un empleo.
Un locus interno está vinculado al autocontrol: otro estudio concluyó que los hogares con un mayor sentido de la acción ahorran una mayor parte de su patrimonio. También ayuda a convertir la intención en acción, ya que parece impulsar a las personas con aspiraciones emprendedoras a dar realmente el paso y convertirse en fundadores.
Ser una persona con locus de control interno también parece beneficiar a los descendientes. Un estudio realizado por Warn Lekfuangfu, de la Universidad Carlos III de Madrid, junto con sus coautoras, descubrió que, a igualdad de condiciones, el locus de control de las futuras madres está relacionado con el esfuerzo que dedican a la crianza activa. Las personas internas tienden a pensar que el tiempo dedicado a desarrollar las habilidades de sus hijos dará frutos. Las externas, en cambio, son más propensas a creer: «El pequeño Rodney es solo un juguete indefenso en manos del destino».
El locus de control existe en un espectro. Cobb-Clark se preocupa especialmente por la pequeña minoría de personas que nunca desarrolla realmente un sentido de su propia acción. Sin embargo, muchas más subestiman habitualmente su capacidad para influir en sus circunstancias.
En su libro de título elocuente, Puedes simplemente hacer las cosas, Cate Hall cita una investigación de Francis Flynn y Vanessa Lake, entonces de la Universidad de Columbia, que demuestra que la gente calcula mal la probabilidad de que otros respondan a sus peticiones de ayuda. En una serie de experimentos, los investigadores pidieron a los participantes que estimaran cuántos desconocidos tendrían que abordar para completar distintas tareas, desde rellenar cuestionarios hasta pedir prestado un teléfono móvil para hacer una llamada. Los números reales fueron mucho más bajos que las estimaciones, no porque la gente sea increíblemente amable, sino porque resulta incómodo rechazar una petición directa de ayuda.
En otro experimento, Steven Levitt, de la Universidad de Chicago, hizo que personas que dudaban ante una gran decisión lanzaran una moneda virtual para ayudarles a elegir. Si la moneda favorecía el cambio, era mucho más probable que la persona optara por romper con el statu quo. Quienes lo hicieron declararon sentirse mucho más felices que quienes no lo hicieron. Esto sugiere que muchas personas que se beneficiarían de un cambio carecen de la determinación necesaria para tomar el control de su propio destino sin un pequeño empujón.
Si un locus de control externo está limitando a las personas, también podría estar frenando a las organizaciones. Un nuevo estudio, elaborado en coautoría por Feng Xu, del Instituto de Tecnología de Harbin, analiza la adopción de inteligencia artificial por parte de empresas manufactureras en Shenzhen. Los investigadores concluyen que quienes tienen un locus de control interno, y por tanto tienden a ver la inteligencia artificial como una habilidad que hay que dominar, se muestran más dispuestos a compartir conocimientos sobre sus experiencias con esta tecnología. Por el contrario, quienes tienen un locus de control externo, y tienden a percibir la tecnología como una amenaza para su puesto de trabajo, son más propensos a ocultar información.
¿Qué deberían hacer los directivos al respecto? Podrían evaluar el locus de control en los procesos de selección: Andrej Karpathy, un conocido investigador en IA, ha afirmado que, como rasgo, la iniciativa es a la vez más poderosa y más escasa que la inteligencia. Los sistemas de compensación y promoción deberían recompensar los logros de forma habitual, aunque ese vínculo puede hacerse más explícito. También se pueden establecer normas culturales que animen a las personas a pasar a la acción. “Pide perdón, no permiso” es un mantra que puede tener consecuencias bastante negativas si tienes muchas personas con alta iniciativa y ningún tipo de límite. Pero la idea que subyace es válida.
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