Malvinas, petróleo y tensiones geopolíticas: un paralelismo con 1982
El gobierno de Javier Milei reclama la soberanía de las islas y amenaza con sanciones a las empresas que exploten petróleo, mientras el Reino Unido enfrenta desafíos militares y económicos.
Quick Look
El presidente argentino Javier Milei reivindica la soberanía de las Malvinas y amenaza con sanciones por la explotación petrolera, generando una nueva crisis para el primer ministro británico Andy Burnham en medio de dudas sobre el poderío militar del Reino Unido.
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Why It Matters
En 1982, Argentina invadió las Malvinas y el Reino Unido respondió con una guerra. Actualmente, la soberanía sigue disputada.
¡Cómo han pasado los años!, ya lo dice la canción. En 1982, una Junta Militar argentina cuestionada internamente invadió las Malvinas como maniobra de distracción, el Reino Unido respondió con todo su poderío militar, y la victoria en la guerra -con la consiguiente euforia nacionalista- salvó el pellejo de una Margaret Thatcher cuya gestión no acababa de despegar y parecía a punto de ser liquidada. Siguió en el poder hasta 1990, hizo su revolución neoliberal, y el resto es historia.
Ahora, un líder de ultraderecha argentino también cuestionado internamente (Javier Milei) y con dudas sobre su reelección vuelve a reivindicar la soberanía del disputado archipiélago del Atlántico sur y amenaza con sanciones a las empresas israelí y británica que se disponen a explotar los yacimientos de petróleo 200 kilómetros al norte de su costa, y Londres insiste como hace 44 años en su defensa al derecho de autodeterminación de los 3600 malvineses, técnicamente un territorio de ultramar del Reino Unido, y una de las pocas colonias que le queda.
Pero cuando Milei dice que “los vientos del cambio” juegan a favor de la reivindicación argentina algo de razón no le falta, porque dos factores fundamentales han cambiado. Por un lado, Trump ha insinuado que tal vez no apoyaría a los británicos en una guerra como a regañadientes hizo Reagan (su política al respecto está “bajo revisión”), y el poderío militar de este país, aunque muy superior al argentino y todavía uno de los mayores del mundo (38.000 efectivos y 60 barcos), no es el que era en 1982. Faltan marinos y piezas de recambio, y sus portaviones, submarinos y cruceros se pasan más tiempo en el taller que en los océanos. El destructor HMS Dragon tardó dos semanas en llegar a la base de Akrotiri en Chipre después del ataque del pasado marzo.
“Las Falkland (como se llama aquí a las islas) son británicas y lo seguirán siendo, y nuestro apoyo al derecho a la autodeterminación de sus habitantes permanece inmutable”, afirmó el secretario del Foreign Office, Ed Miliband, tras recordar que en un referéndum celebrado en el 2013 un 99.8% de la población dijo que quieren seguir siendo ser súbditos de Su Majestad (sólo tres votaron lo contrario), y no de un país geográficamente más próximo pero que lo mismo puede estar dirigido por los militares que por un populista de ultraderecha armado con una motosierra que usa una médium para hablar con su perro.
Hasta dónde estaría dispuesto a llegar Milei, cuál sería la posición final de Washington (ahora es neutral sobre el conflicto y acepta el control de facto de las Malvinas por el Reino Unido) y si la Royal Navy se encontraría en condiciones de recuperar el territorio como hace casi cuatro décadas y media son incógnitas. Lo que es un hecho es el primer ministro laborista Andy Burnham se enfrenta a la que es su primera crisis internacional.
La líder de la oposición conservadora, Kemi Badenoch, no perdió un segundo en culpar de la coyuntura a la decisión de entregar a Mauricio la soberanía de las islas Chagos en el Índico -otro territorio de ultramar británico, como las Malvinas-, y pagar miles de millones para el alquiler de Diego García, una base militar conjunta con Estados Unidos de alto valor estratégico para operaciones en Oriente Medio. Es uno de los temas que estaban en la agenda de Burnham para su previsible encuentro con Trump en la Asamblea General de la ONU, y ahora tiene que añadir las Malvinas.
Los 1.700 millones de barriles de petróleo del yacimiento “León Marino” al norte de las Malvinas son más que todo el combustible que hay en aguas británicas, y su explotación está previsto que comience dentro de dos años y dure hasta por lo menos el 2060. Los propietarios de los derechos son la empresa de este país Rockhooper Exploration (un 35%) y la israelí Navitas (el 65% restante). El Gobierno Burnham se dispone a reconsiderar sus compromisos medioambientales y a autorizar la prospección de gas natural en el Mar del Norte como medida pragmática para intentar reducir el coste doméstico de la energía. La carestía de la vida es la mayor preocupación de los votantes, y el motivo por el que muchos de ellos respaldan a gobernantes autoritarios de extrema derecha.
En 1982, Gran Bretaña ganó la guerra en 74 días, tras enviar al Atlántico sur un total de 43 buques (entre ellos dos portaviones, 15 fragatas, 6 submarinos y 6 destructores), más otras 22 naves de apoyo logístico. Si ahora estarían en condiciones de llegar a las Malvinas sin averiarse a mitad de camino es una buena pregunta, igual que cuál sería el impacto para una economía en crisis, con una deuda pública de tres billones y en el ojo de los mercados de bonos, que a duras penas puede aumentar su presupuesto de Defensa.
Otra cosa también ha cambiado respecto al 82: entonces el príncipe Andrés volvió de las Malvinas como un héroe por pilotar un helicóptero, y ahora es un paria. ¡Cómo han pasado los años!
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Explotación del yacimiento León Marino comenzará en dos años.
Possible · Within years
Open Questions
- ¿Cuál será la posición definitiva de Washington ante el conflicto?
- ¿Podrá la Royal Navy proyectar fuerza militar efectiva en el Atlántico sur?




