Jóvenes desencantados de las aplicaciones de citas recurren a presentaciones humorísticas hechas por sus amigos en eventos presenciales.
Jóvenes en Barcelona participan en Pitch-A-Friend, un formato importado de EE UU donde amigos presentan a solteros mediante diapositivas de PowerPoint para huir del agotamiento de las apps de citas.
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El formato Pitch-A-Friend nació en Filadelfia como una alternativa analógica y social al uso exclusivo de aplicaciones de citas.
Para encontrar pareja, primero hay que elegir una pegatina. Azul si vienes soltero. Naranja si ya tienes a alguien. En el Michael Collins de Barcelona, un pub irlandés a dos pasos de la Sagrada Família, una chica lleva las dos. ¿Relación abierta? “No”, responde seria. “Situationship”. Son las siete de la tarde y una treintena de personas empieza a ocupar una sala reservada del local tras pagar cinco euros de entrada. Se habla sobre todo en inglés, aunque también se oye español. Algunos conversan alrededor de la barra; otros esperan frente a una pantalla. Dentro de unos minutos, ocho de ellos subirán al escenario para presentar a un amigo ante un público de desconocidos en busca de una posible cita.
Natasha, una de las organizadoras del evento, coge el micrófono y enseguida se adueña de la sala. “Estamos aquí para ser amables, pasarlo bien, incluir a todo el mundo y conocer gente nueva. Así que sed respetuosos, positivos y, sobre todo, tened sed”. La primera diapositiva aparece en la pantalla: “Meet Natalie. The investment opportunity of 2026”. Su amiga la presenta como si estuviera defendiendo una startup ante un grupo de inversores. Habla de sus fortalezas, de los riesgos de inversión y de los retornos garantizados de una primera cita. Cinco minutos después, otro amigo proyecta una foto tomada en el baño de su compañera de piso para demostrar cuánto espacio ocupa frente al espejo. Nadie parece preocupado por el inevitable efecto cringe, con perdón.
El formato se llamó Pitch-A-Friend. Nació en Filadelfia y hoy se celebra en decenas de ciudades del mundo. Barcelona cuenta desde hace unos meses con su propio capítulo. La idea es sencilla: dejar que sean los amigos quienes hagan el trabajo que durante años hicieron las aplicaciones de citas. Las subastas de solteros no son nuevas y recuerdan a un viejo recurso de las comedias románticas estadounidenses; la diferencia es que aquí no hay pujas. Hay PowerPoint. Es el único elemento imprescindible del formato, de hecho. Eso sí, quienes vuelven a apostar por una fórmula tan analógica son jóvenes que crecieron con Tinder en el bolsillo.
Abundan los MBA. Casi todos viajan, hacen deporte, hablan varios idiomas y disfrutan descubriendo nuevos restaurantes. Las presentaciones están llenas de super funny, super social, super adventurous, super caring. Lo mismo ocurre en castellano, víctima también del “superismo”. ¿Qué fue de los muy y de los superlativos? En fin. Cuentan que Gabby siempre acaba hablando con quien se ha quedado solo en una fiesta. El amigo de Sebas asegura que nunca falla cuando hace falta y que lo recuerda todo. De Aurora dicen que una semana antes ya tiene organizado el plan. Las presentaciones describen a los candidatos tal como los ven quienes mejor los conocen. Al terminar cada pitch aparece un código QR con los datos de contacto. La sala aplaude, pero a simple vista no parece que nadie haga una foto ni tome nota. Ya se informarán con más discreción.
Jorge es un habitual. Ha sido presentado varias veces. Cuando en el PowerPoint de la amiga que lo intenta vender aparece la foto de su gato Igor, la sala estalla en una aprobación felina unánime. Puede ser una baza ganadora. Según él, “las aplicaciones están diseñadas para la infelicidad”. En cambio, aquí la recomendación viene de alguien que conoce de verdad al presentado. Y eso tranquiliza. “Aquí puedes ver que la persona tiene amigos reales”, dice.
La figura del amigo como intermediario no ha reaparecido solo en los bares. En 2023 Tinder lanzó Matchmaker, una función que permite a conocidos y familiares recomendar posibles citas, coincidiendo con un momento de creciente desgaste de las aplicaciones tradicionales. La acumulación de perfiles, las conversaciones que se extinguen antes de llegar a una cita y la sensación de que siempre puede aparecer alguien mejor con un nuevo deslizamiento han causado el ya muy temido dating burnout.
Sea como fuere, las aplicaciones siguen ahí, pero conviven con la necesidad de humanizar la vida algorítmica. La investigadora Liesel Sharabi, directora del Relationships and Technology Lab de la Universidad Estatal de Arizona, sostiene que funcionan mejor cuando dejan de ser la única vía para relacionarse. Entre sus recomendaciones para evitar ese agotamiento figura diversificar los contextos: apuntarse a un club de running o pedir a un amigo que te presente a alguien.
Sabrina, ecuatoriana y afincada en Barcelona desde hace once años, trabaja en una editorial gestionando derechos y proyectos digitales. Descubrió Pitch-A-Friend en Instagram y comentó a una amiga que le gustaría asistir algún día. La respuesta fue: “¿Y por qué no lo organizas tú?”. Poco después contactó con Natasha, rusa y recién graduada de un MBA del IESE. Juntas abrieron la versión barcelonesa del formato. En pocos meses han organizado varias ediciones, en las que predominan el inglés o el español según el público habitual del local que las acoge. Lo más difícil, cuentan, no es encontrar candidatos, sino amigos dispuestos a preparar un PowerPoint para ellos.
Las organizadoras recogen meticulosamente datos y estadísticas para analizar la evolución de las convocatorias: cuántas personas participan, quién sube al escenario y qué perfiles son presentados. En los primeros encuentros, para sorpresa de ambas, predominaron claramente los hombres; en el primero, de hecho, solo se presentaron dos mujeres. Después la proporción se fue equilibrando. En Estados Unidos, señalan, suele ocurrir lo contrario. “¡Tenemos gráficos!”, aseguran. “Pero Pitch-A-Friend no es solo PowerPoint. Hay juegos, sorpresas y mucha gente que acaba hablando con personas con las que probablemente nunca habría coincidido”, explica Sabrina.
Durante la velada Natasha reparte pequeñas banderas rojas y verdes y empieza a leer posibles características de una pareja. “No le gustan los animales”. Varias banderas rojas se levantan de inmediato. “Es workaholic”. “Quiere conocer a tus padres después de un mes”. “No cocina”. “Te pregunta por política en la primera cita”. Cuando terminan los juegos, se siguen valorando posibles parejas entre la multitud. “Mira, aquel también es buen partido”, le dice una chica a otra señalando discretamente hacia la barra. Entre los candidatos hay uno que despierta un pragmático interés de la sala: un abogado especializado en inmigración.
Miguel es mexicano. Elegante, voz grave de diplomático, las fotos de sus mejores tacos han suscitado un entusiasmo considerable. Utiliza las aplicaciones de citas, pero también viene aquí. Dice que una cosa no sustituye a la otra. Las aplicaciones sirven para conocer gente; esto, para pasar una buena noche aunque no ocurra nada más. Tras casi tres horas, el evento está a punto de acabar y vuelvo a encontrarme con Jorge. ¿Ha habido suerte?, le pregunto. “Normalmente escriben un par de días después. Necesitan reunir el valor.” Para encontrar pareja, primero hay que tener un amigo.
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