El portavoz de ERC admite que no logró articular una candidatura unitaria de la izquierda alternativa, marcando el fin de su proyecto personalista.
AI-generated summary
Rufián buscaba crear una plataforma unitaria de la izquierda alternativa para las elecciones. El proyecto colapsó tras la falta de consenso entre los partidos y el mantenimiento de las agendas propias.
La ilusión se encendió en la sala Galileo Galilei, en Madrid, el pasado 18 de febrero. El portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián (Santa Coloma de Gramenet, 44 años), tras siete meses de declaraciones en defensa de una suma de la izquierda alternativa para confrontar a las derechas, parecía dar un paso más allá. Su sintonía con Podemos, especialmente con Irene Montero, era conocida. Pero que la puesta de largo de su propuesta fuera justamente el diputado autonómico por Más Madrid Emilio Delgado hizo pensar a muchos que algo diferente estaba en gestación. ¿Podría la magia de Rufián unir lo roto en 2019, con el cisma entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón?
El desencanto explotó hace una semana cuando, in extremis, su partido y Podemos llegaron a un acuerdo específico en Cataluña, dejando fuera al Frente Amplio. De esa manera, el portavoz repite como cabeza de cartel de Esquerra y con el permiso de hacer actos de campaña con los morados en el resto de España, prestando así su tirón electoral. Después hubo acuerdos puntuales en Canarias y Valencia, pero todo lejos de esa única papeleta deseada, especialmente en las provincias más pequeñas.
“Llegué a pensar que si yo llegaba con la suficiente fuerza podría arrastrar a los aparatos de los partidos y, probablemente, no pueda. He fracasado”, admitió Rufián el pasado viernes, pidiendo perdón y siendo así también el primero en dar por muerta la operación que él mismo había abanderado. El republicano desde un principio aceptó que no sería fácil, aclaró que no sería candidato a presidir el Gobierno y coqueteó de alguna manera con dar el salto a la política estatal. Ahora se enfrenta a gestionar la frustración de parte del electorado progresista con la que conectó. Un barómetro especial sobre este espacio político de 40dB. para EL PAÍS, de marzo pasado, mostró que un 46,4% de los que planeaban votar le preferían a él como líder.
Para la exdiputada de Más Madrid Tania Sánchez, la justificación de Rufián “es un clásico de quien juega solo y tiene poco cariño a lo colectivo”, escribió en X el pasado viernes. “El que venía a unir se ha dedicado a desincentivar el pacto de la izquierda”, lamentó ayer una fuente de la dirección de IU. Otra voz de Movimiento Sumar añade que, al final, el republicano ha usado sus habilidades y relevancia para su propia agenda dentro de su partido. “Me cuesta entender que Podemos pueda ir en la lista de ERC y que Rufián haga campaña fuera de Cataluña”, lamentó la exconsejera de Derechos Sociales Dolors Bassa, resumiendo un sentimiento extendido dentro de un sector de los republicanos.
Fanáticos y detractores coinciden en que a Rufián no le falta magia. Sus intervenciones en el Congreso reivindicando derechos o advirtiendo contra el fascismo han hechizado a cientos de miles de jóvenes. Ese “poder digital” -1,02 millones de seguidores en Instagram, 133.000 ganados en las últimas dos semanas- tendrá una gran prueba el 29-N, ante la inmensa duda de cómo se pueden convertir en votos y si lo reflejará tanto ERC como Podemos. El público le percibe como cercano, auténtico, sin filtros y, según la encuesta de 40dB., cuatro de cada diez le veían como el más capaz para gobernar España entre todos los líderes de la izquierda más allá del PSOE.
En realidad, el gran truco de Rufián ha sido la reinvención. Y muy especialmente la que comenzó hace unos cinco años. Había iniciado la actual legislatura en bajo estado de forma. El adelanto de las elecciones generales en junio 2023 fue la respuesta al fiasco electoral de los socialistas en las municipales de mayo. ERC también sufrió bastante en aquella cita electoral, dejándose uno de cada tres votantes. Rufián, por petición expresa de Junqueras, se presentó como cabeza de lista en su pueblo natal. El impacto electoral de la carta más mediática del partido en la arena local fue de solo 1.426 votos adicionales y ganarle un concejal al grupo de tres que había en Santa Coloma. Era segunda fuerza, sí, pero tras un PSC con 17 concejales y el 50% del voto.
El regreso de Junqueras al liderazgo del partido tras salir de la prisión, gracias a los indultos, había sido un alivio para un Rufián al que siempre se le dio manga ancha para cultivar el personaje de enfant terrible y verso libre que exhibe en la tribuna del Congreso y en su vida orgánica en el partido. En su ausencia, el líder en Madrid había visto cómo en algunas ocasiones el entonces president Pere Aragonès o la secretaria general de ERC Marta Rovira le desautorizaban por algunos de sus excesos verbales en el Congreso sobre Puigdemont o cuando mencionó los supuestos contactos de Junts con el Kremlin en 2022.
Con el jefe de vuelta, teóricamente su situación mejoraba. Pese al fracaso en Santa Coloma, el dedazo de Junqueras le hizo candidato para las generales de 2023 sin margen para el debate interno. Continuaba la fidelidad cimentada sobre la apuesta inicial por él en 2015 para ir a las listas al Congreso como independiente. El perfil de independentista castellanoparlante, nacido de padres de Jaén y Granada que emigraron a Cataluña, encajaba a la perfección en los planes de la dirección de ERC. Solo si se llegaba a movilizar a capas de la población tradicionalmente contrarias a la independencia su plan para la independencia sería verosímil.
Pero a Rufián no le fue bien en el adelanto electoral: obtuvo siete diputados y 411.976 votos. Se dejó por el camino la mitad de apoyos y seis diputados. Lo peor de todo el escenario es que ERC perdía con ello el estatus de socio preferente de Pedro Sánchez, que se pasaba a compartir con Junts per Catalunya. Los de Carles Puigdemont abrazaron entonces la vía de la negociación que tanto habían reprochado a los republicanos y sus “votos a cambio de nada”.
Más allá de críticas sectoriales y de alinearles con el bloque de la derecha por sus votaciones, Rufián afea a los de Junts que no reconozcan que fue gracias a ERC que se abrió el camino para conseguir los indultos y lograr que algunos de esos líderes del procés puedan hacer política. En el partido de Míriam Nogueras siguen sin perdonar el tuit de “155 monedas de plata”, del 26 de octubre de 2017, con el que Rufián dejó en evidencia los intentos de acercamiento de Puigdemont con el Gobierno central para evitar la aplicación del 155.
La pugna frecuente con un Junts más fuerte y determinante le dio la posibilidad a Rufián de subir los decibelios de sus críticas y lucir pulida retórica. Hace tiempo que dejó de ser el personaje casi estrafalario que sacaba impresoras en las sesiones de control para ser alguien a quien se ha de escuchar con atención. Su popularidad la certifica la demoscopia. Según el CIS, que evaluaba la preferencia para la jefatura del Gobierno, su popularidad era constante desde el verano de 2025 -tuvo un pico en octubre de 2023- hasta octubre pasado, que alcanzó el máximo histórico de 12,3%.
El camino al aplauso y la popularidad entre el electorado no ha estado exento de choques con los suyos. Su distanciamiento con el grupo parlamentario tuvo un momento complicado cuando él tomó partido por Junqueras en su pugna por el control de ERC con el entorno de Marta Rovira, en 2023. Rufián aspiraba a que el reelegido president le diera más poder de decisión sobre la bancada e interlocución en Madrid, algo que de momento no ha pasado.
La dirección que preside Junqueras no podía dejar escapar a un candidato que pasa por el momento más dulce y que seguramente permitirá atraer en Cataluña votos más allá de sus fronteras ideológicas. Un plan que, sin embargo, reaviva un debate casi fundacional. “ERC se divide en dos. De un lado, los que creemos que no puede haber liberación social sin liberación nacional. Y, del otro, los que creen que no puede darse el nacional sin antes el social. Ahora mandan los segundos”, explica Xavier Martínez, cabeza visible del colectivo 1-O, crítico con la dirección que lidera Junqueras, para explicar parte del revuelo que ha implicado el acercamiento a Podemos.
“Si me voy de ERC, Joan Tardà me mata”, confesó Rufián el viernes, revelando algunos movimientos de fondo en las filas republicanas. El exdiputado lleva años predicando la necesidad de que Esquerra no sea un partido exclusivamente independentista, sino que se abra a ser el gran repositorio de las izquierdas. Una idea que, ejecutada en Cataluña, podría arrastrar a algo similar en el resto del Estado. Las reservas mutuas entre Junqueras y Ada Colau podrían ser unas de las explicaciones para que eso no suceda, sin olvidar que ERC y el espacio de Comuns, heredero del PSUC e Iniciativa, son rivales electorales. Lo cierto es que el planteamiento aperturista de Tardà nunca había tenido tantos focos encima: primero, porque se le ha permitido ser una corriente interna. Después, porque cuenta con el altavoz del candidato del 29-N.
“El acuerdo con Podemos tiene un valor referencial. Nos ayuda a colocarnos en el imaginario de las izquierdas y a contribuir a que no se juegue de nuevo con Junts”, explica Tardà. “Me ha disgustado que los Comuns hayan instado repetidamente a Rufián a que dejara ERC. No podríamos luchar en todos los frentes: convencer a nuestro partido, defender la suma con Comuns e intentar con Rufián que las izquierdas estatales hicieran los deberes”, confiesa el exdiputado. Rufián, el gran prestidigitador, seguramente tendrá que reinventarse de nuevo tras el 29-N.
AI outlook — possibilities, not facts
Rufián deberá reinventar su estrategia política tras las elecciones del 29-N.
Likely · Within months

The article criticizes the management of the Government of Pedro Sánchez regarding the Nietos Law, suggesting partisan use to increase the external electoral roll and questioning the intervention of the Ombudsman in the process.
The Limoges Town Hall, a historical monument from the 19th century, was destroyed after a fire started by protesters. Mayor Guillaume Guérin condemned the attack and assured that public service will continue despite the material damage.
France records 1,800 detainees and 500 police officers injured after a day of protests marked by looting and attacks on public buildings, including Limoges City Hall. The Government is preparing a firm judicial response to the chaos.

Die Linke, Greens and SPD are negotiating a coalition in Berlin that proposes nationalizing real estate companies with more than 10,000 homes to reduce rents, under strict financial conditions and commitments against anti-Semitism.
The Socialist Movement (MS), born in the Basque Country in 2018, is expanding throughout Spain, attracting young people disenchanted with traditional parties. Focused on Marxism and material demands, it seeks to build its own political identity.
Alberto Núñez Feijóo has presented Xavier García Albiol as head of the PP list for Barcelona. The objective is to capture votes in Catalonia to achieve an absolute majority, focusing the discourse on the fight against illegal occupation and immigration.