El ascenso del general Roberto Vannacci y su nuevo partido sacuden la política italiana
El exprimer militar y fundador de Futuro Nacional supera en los sondeos a los socios de coalición de Giorgia Meloni con un programa ultraderechista y nostálgico del fascismo.
Quick Look
El general retirado italiano Roberto Vannacci, fundador del partido Futuro Nacional, sacude la política del país con un programa ultraderechista que ya supera en los sondeos a socios clave de Giorgia Meloni como La Liga.
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Why It Matters
El general Roberto Vannacci saltó a la fama pública en 2023 con su libro El mundo al revés. Posteriormente fue fichado por La Liga antes de fundar su propia formación, Futuro Nacional.
El general retirado italiano Roberto Vannacci, de 57 años, que irrumpió en la vida pública en 2023 con un libro titulado El mundo al revés, superventas lleno de consignas racistas, sexistas y homófobas, ha dejado de ser un elemento exótico emergente: ya ha emergido. En febrero dejó plantada a la Liga, que lo fichó en 2024 para los comicios europeos con la esperanza de asimilarlo, y fundó su propio partido, Futuro Nacional (FN). Tuvo ya ocho diputados tránsfugas de partidos del Gobierno ―se llaman a sí mismos “futuristas”, uno de tantos guiños a los años veinte―. En junio celebró su primer congreso y en estas últimas semanas ha publicado un largo programa en dos entregas que han sido sus últimos fuegos artificiales y han causado un gran revuelo. Su modelo de sociedad es algo que denomina “patriarcado mediterráneo”, que explica así: “Se dirige al subrayado de las especificidades y a la formación de hombres fuertes, capaces de dominar las emociones y las pasiones, protegiendo a las mujeres y ofreciéndose a sí mismos para la construcción y la defensa de la sociedad”.
Es la carta de presentación de otras propuestas controvertidas. Por ejemplo, prohibir la presencia de gais y personas LGTBI en televisión (entre las seis de la mañana y las once de la noche), para mantener alejados a los menores de contenidos “de género y homosexuales”; eliminar el delito de feminicidio y también las uniones civiles; un plan de “remigración” de 22 puntos, en el que se expulsará a un extranjero cuando termine su contrato de trabajo, no tienen acceso a ninguna ayuda social y los médicos que examinen inmigrantes serán militares, porque no están sujetos “a sugestiones ideológicas contrarias a las repatriaciones”. El aborto no es considerado un derecho; la píldora del día después no se recetará en ambulatorio; propone que cada hijo dé derecho a sus padres a un número igual de papeletas de voto en las elecciones. La edad de imputación penal de un menor bajaría de los 14 a los 12 años. Pretende revisar la normativa vigente sobre tortura porque “presenta ambigüedades interpretativas que generan incertidumbre y riesgo de parálisis operativa para el personal que actúa en contextos de urgencia y peligro”.
Todo con declarada retórica nostálgica, castrense y con ecos del régimen fascista (“ardor, virtud y sacrificio”), reivindicando “una derecha identitaria, pura y vital, radicada en la tradición romana y cristiana, determinada a devolver a Italia a sus raíces (...), que pone en el centro la familia natural, la identidad, la seguridad, el mérito y la tradición”. Vannacci, excomandante de la unidad paracaidista de élite italiana y veterano en Irak y Afganistán, sueña con una sociedad militarizada, con “educación militar en los colegios y una ampliación del papel de las fuerzas armadas en el territorio”. En las escuelas superiores, cursos de “educación a la defensa y a la seguridad nacional”, y también campamentos de formación castrense para atraer al Ejército “a los mejores jóvenes con el carácter adecuado”.
El programa propone que solo se obtenga la ciudadanía tras 20 años de residencia, un examen de italiano y firmar “una declaración de asimilación a la civilización griega, romana y cristiana”. En los permisos de entrada al país se dará preferencia a quienes procedan de países “de mayoría cristiana, cuyos datos muestren una baja inclinación a la criminalidad”. La razón es que estos extranjeros “no minan la unidad cultural de nuestro país, que hoy está amenazada por una invasión mahometana de masa” (en realidad la población musulmana en Italia es del 4%). En una puya a Giorgia Meloni, propone dialogar con Estados Unidos “en posición erecta”.
Con todo esto, los sondeos ya sitúan FN con un mínimo del 8% de los votos, y hasta el 12%, por encima de la Liga (4,4%) y de Forza Italia (7,1%), los dos socios de coalición de Meloni. Es decir, sería el segundo partido de la derecha. La líder ultraderechista festejaba este viernes el récord de duración de su Gobierno, pero en su coalición hay nervios y está todo el rato mirando a Vannacci por el retrovisor. Ya es uno de sus principales problemas.
“Caballo de Troya de Rusia en Italia”
El general jubilado empieza a ser objeto de especial atención. El Financial Times lo ha definido esta semana como “el caballo de Troya de Rusia en Italia”, recordando que fue agregado militar de la Embajada italiana en Moscú de 2020 a 2022, se opone al envío de armas a Ucrania y apuesta por restablecer relaciones con Vladímir Putin. Lo cierto es que en su programa cita Rusia hasta 13 veces, más que las pensiones (siete) o los salarios (tres).
Por otro lado, un sindicato militar ha presentado estos días dos denuncias contra FN, que están siendo examinadas por dos fiscalías distintas. Una es la de Roma, por presunto intento de recomposición del partido fascista, delito instituido por una ley de 1952, pero de difícil aplicación y utilizado en contadas ocasiones. La segunda, en la jurisdicción militar, por la presencia de miembros del ejército en activo entre sus dirigentes, aunque los abogados de FN aseguran que no hay ninguna incompatibilidad y si acaso es una cuestión disciplinaria. Todo ello, no obstante, Vannacci lo usa para hacer ver que el sistema se revuelve contra él porque le tiene miedo. Hizo un vídeo vestido con un gorro ruso y brindando con vodka.
Hasta ahora Meloni pensaba tenerlo bajo control simplemente intentando decir de vez en cuando cosas más de extrema derecha que él. Ella y sobre todo el líder de la Liga, Matteo Salvini, que ve un peligro real de ser reducido a la nada, han intentado competir estos meses con el exgeneral en declaraciones altisonantes y aprobando medidas de impacto en seguridad e inmigración. Pero es difícil superar a Vannacci en exabruptos. Está en la oposición y no tiene miedo a tirar de consignas de Mussolini y hasta del pasado glorioso del imperio romano. Cuando la Liga lo presentó a las elecciones europeas de 2024, no sin tensiones internas, pudo comprobar su potencial, pues había listas abiertas y se votaba a cada candidato: obtuvo él solo 555.980 votos. Ahora su nuevo partido se está comiendo a la Liga.
El principal efecto de Vannacci ha sido desbaratar los cálculos electorales para los próximos comicios, previstos para abril o mayo de 2027, si como es probable se adelantan, o en otoño si se agota la legislatura. Meloni ya preparaba un cambio de sistema electoral, que inició su tramitación en verano, para evitar la derrota o un empate. El vigente, que le dio la victoria en 2022 porque premiaba las coaliciones y la izquierda concurrió dividida, ya no le garantiza el triunfo. Pero el ascenso de Vannacci ha de hacer temer que ya no le salgan los números. No sabe qué puede ser mejor, combatirlo, con el problema de tener que desmarcarse del propio mundo de extrema derecha del que ella proviene, o incorporarlo a su coalición, con el peligro que supone tenerlo dentro. Pero hay una tercera opción que está explorando estos días, neutralizarlo en el diseño del nuevo sistema electoral.
La idea de una última enmienda es establecer un sistema de doble turno para las dos coaliciones más votadas, lo que dejaría fuera a FN, y con la ventaja de que sus seguidores confluirían en Meloni en la segunda vuelta. Pero el riesgo es que por eso mismo ya en la primera votación acapare un gran número de votos de castigo al Gobierno y el boquete que abra en la derecha sea aún mayor.
Vannacci se ha demostrado hábil en redes sociales y en hacer vídeos al estilo de Trump con inteligencia artificial: en uno difundido en julio aparecía como emperador romano en el Coliseo, condenando a muerte a los líderes de la oposición, maniatados en la arena. Se vende como un político nuevo, algo que en la política italiana, que quema siglas y candidatos, siempre ha funcionado. Presume de estar cachas, se ha pasado el verano apareciendo en bañador y camiseta diciendo que nada tres millas náuticas.
Mientras Meloni hace lo posible para alejarse de su pasado como militante en el posfascismo y para contentar a su público más radical a veces dice cosas con la boca pequeña, Vannacci habla sin complejos, con continuas consignas del pasado fascista y guiños provocativos. Por ejemplo, juega con el símbolo de la X Mas, la unidad militar fascista del comandante Junio Valerio Borghese, o lleva un colgante con un hacha doble, símbolo de Ordine Nuovo, movimiento de los setenta disuelto por fascismo y que luego se convirtió en grupo terrorista. Aunque luego negó que fuera eso: alegó que también es el símbolo de Creta y lo compró de recuerdo en la isla griega.
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Celebración de elecciones anticipadas en Italia
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- ¿Cómo modificará el Gobierno el sistema electoral ante el auge de Futuro Nacional?
- ¿ prosperarán las denuncias judiciales interpuestas por el sindicato militar contra el partido?





