
La multinacional española busca triplicar su producción en el país tras el restablecimiento de licencias de EE. UU. y pagos en especie de Venezuela.
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Repsol opera en Venezuela desde 1993 y busca triplicar su producción tras los cambios políticos y el levantamiento de licencias de EE. UU.
La renovada apuesta de Repsol por Venezuela avanza. La multinacional está encontrando el camino cada vez más despejado para poder desarrollar su actividad en el país latinoamericano, donde está presente desde 1993 y donde aspira a triplicar su apuesta actual. La última demostración de este avance llegó este mismo fin de semana. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, aprovechó para mencionar la relación de Repsol con Caracas en su empeño de convertirse en una potencia energética. En el anuncio de un gran acuerdo petrolero con Estados Unidos, la sucesora de Nicolás Maduro señaló que su meta “va más allá” de la alianza con la Administración Trump y cuenta “con la firma de otros importantes acuerdos que incluyen a grandes empresas como Chevron, Repsol, Eni, Shell y BP, entre otros”.
La cuestión es clave, ya que en reiteradas ocasiones tanto Repsol como otras grandes petroleras internacionales han señalado que, para poder incrementar sus inversiones en el país latinoamericano, es necesario un marco regulatorio internacional estable, garantías de pago transparentes o el acatamiento de la labor de los tribunales de arbitraje neutrales en caso de disputas.
La alianza anunciada este fin de semana entre Estados Unidos y Venezuela va en esa dirección, ya que por encima de otras cuestiones —como el restablecimiento de la democracia— ambos países están dando prioridad a que el capital extranjero pueda entrar en el país para recuperar una industria petrolera muy deteriorada por años de abandono y sanciones, que permita extraer el petróleo del país con más reservas del mundo.
La apuesta de Repsol por Venezuela dio un giro el pasado mes de enero, tras la detención y captura por parte de Estados Unidos de Nicolás Maduro. Ya entonces, el presidente americano, Donald Trump, convocó a las principales petroleras del mundo con intereses en Venezuela, donde Repsol juega un papel destacado: es la segunda empresa de la OCDE (organización de los países más desarrollados) con presencia en Venezuela, solo por detrás del gigante estadounidense Chevron.
Tras el encuentro en la Casa Blanca, Josu Jon Imaz trasladó al mandatario norteamericano y a la opinión pública que Repsol estaba en disposición de invertir con fuerza y triplicar la producción de petróleo en Venezuela en un plazo de tres años. Sin embargo, la empresa requiere de una serie de compromisos y permisos para lograr ese objetivo.
Y tanto Caracas como Washington son claves en la obtención de permisos. En febrero se dio un paso capital. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos levantó los vetos que había hasta entonces y emitió diversas licencias generales que autorizan operaciones en el sector de hidrocarburos de Venezuela, incluidas aquellas que involucren al Gobierno de Venezuela y a PDVSA (la petrolera estatal). También desde febrero, Venezuela restableció los pagos a Repsol en especie. Caracas envía barcos de crudo a España como forma de pago por su actividad allí y para resarcir parte de la deuda histórica que mantiene con la compañía, que asciende a más de 4.000 millones de euros.
“El proceso de normalización de la relación comercial permite reanudar el levantamiento de cargamentos de condensados y crudo como mecanismo de pago por el gas producido, restableciendo la dinámica de exportación bajo el marco contractual y de licencias existentes y permitiendo la generación de flujo de caja para poder continuar invirtiendo en el país”, explica una fuente conocedora de la operativa de Repsol en Venezuela.
Todo ello ha llevado a que se hayan firmado esta primavera al menos dos acuerdos nuevos para ampliar la producción de Repsol en Venezuela, que contribuyen al objetivo de triplicar su negocio allí en tres años. Además, la empresa aspira a aumentar la producción bruta de petróleo un 50% en un año y aumentar la extracción de gas en un 10%, fundamental para abastecer sus centrales de producción de electricidad. Eso sí, la multinacional española tiene como línea roja utilizar únicamente los ingresos que obtenga en el país para elevar sus inversiones allí.
En este contexto, Repsol se encuentra con que el Gobierno de Venezuela ha puesto como una de sus prioridades el desarrollo de la capacidad de su industria energética, para lo que necesita inversión extranjera. En esa clave se entiende el acuerdo con Estados Unidos anunciado este fin de semana. Delcy Rodríguez señalaba este mismo sábado que Venezuela necesita “inversión, tecnología y capacidad productiva” para convertir su riqueza petrolífera en bienestar para la población.
De momento, Repsol ha estrechado lazos con ambas administraciones. En la última conferencia con analistas del pasado mes de julio, Josu Jon Imaz señaló que en junio (cuatro semanas antes) tuvo la oportunidad de estar en el país y de reunirse con la presidenta Delcy Rodríguez y el ministro de Energía de Venezuela. “Están totalmente comprometidos con este objetivo”, aseguró Imaz en referencia a los acuerdos comerciales alcanzados allí.
“Creo que existe un firme compromiso por parte del gobierno venezolano y de PDVSA para posibilitar este crecimiento de la producción, pero lo que necesitamos para crecer e invertir en este crecimiento es, por supuesto, un pago recurrente por los cargamentos”, añadió el consejero delegado de Repsol, que explicó que esta situación “crea un círculo virtuoso, porque la inversión significa más producción, lo que se traduce en mayor recaudación fiscal para el país y, por ende, más barriles para Repsol”.
Desde febrero, España está recibiendo todos los meses petróleo de Venezuela, según registra la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores). El propio Imaz confirmaba ante los analistas la entrega de ese crudo como forma de pago: “En mayo recibimos el primer cargamento bajo las nuevas licencias de exportación estadounidenses y el marco acordado con el gobierno venezolano”; y añadió en julio que “se esperan cuatro cargamentos adicionales en 2026: uno para financiar la inversión necesaria para aumentar la producción de gas en aproximadamente un 10% y tres más para monetizar la producción actual”.
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Recepción de cuatro cargamentos de crudo adicionales en 2026
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