Laura Colón: "El medicamento no es un gasto, es una inversión en salud"
La nueva presidenta de AstraZeneca España y líder del hub de Barcelona analiza los retos de la innovación, el acceso a fármacos y la competitividad europea en el sector farmacéutico.
Quick Look
Laura Colón, nueva presidenta de AstraZeneca España, destaca la apuesta inversora de la compañía en el hub de Barcelona y reclama mejoras en el acceso a la innovación, señalando que el tiempo medio de llegada de fármacos en España supera los 500 días.
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Why It Matters
AstraZeneca ha consolidado su hub en Barcelona como motor de innovación biomédica y digital. La compañía tiene el compromiso de invertir 1.300 millones de euros en España hasta 2027.
A principios de año, Laura Colón recogió el testigo de Rick R. Suárez como presidenta de AstraZeneca España. "Cuando supimos que Suárez iba a dar el salto a otra posición [ocupa la presidencia de la compañía en EEUU], comenzamos a trabajar juntos para preparar este relevo". Para Colón suponía dar un salto importante porque pasaba de liderar una de las áreas punteras y estratégicas del laboratorio -dirigió desde 2023 Oncología- a coger la batuta de todo: "Es una oportunidad preciosa, un privilegio y una responsabilidad muy grande". Hace siete años que entró en la farmacéutica. Cuenta que llegó para dirigir las líneas de cáncer de pulmón y "después tuve la oportunidad de trabajar con los mercados internacionales desde Singapur". Reconoce que el apoyo de Suárez no es casual, ya que "ha sido mi mentor desde hace muchos años".
Junto a Actualidad Económica, repasa, en su primera entrevista a medios, los planes de inversión del hub de Barcelona, los obstáculos de acceso a la innovación en España y el impacto de la inestabilidad geopolítica en el sector farmacéutico. Colón también asume el cargo de site leader del AstraZeneca Global Hub de Barcelona, que "se ha consolidado como motor de innovación biomédica, digital y comercial en Europa". Este centro internacional representa un nuevo modelo de innovación que combina biomedicina, ciencia de datos, innovación digital y excelencia comercial. Desde el hub, el laboratorio anglo-sueco, y una de las tres compañías que desarrolló una vacuna contra el Covid, busca cumplir con el objetivo de dar un salto ambicioso: 20 nuevas moléculas en 2030.
En los últimos cinco años, AstraZeneca ha multiplicado su apuesta inversora en España. ¿Qué peso tiene hoy la filial española en la estrategia global de la compañía?
Hemos multiplicado por cinco el número de empleados que tenemos. Trajimos el hub de Barcelona a España, que compitió con otros candidatos internacionales, y al final nuestro país fue la opción decisiva. Es una apuesta muy firme de la compañía por la innovación en España: tenemos el compromiso de 1.300 millones de euros de inversión hasta 2027, con más de 1.600 profesionales trabajando ya en el hub. Aproximadamente un 60% del centro se dedica a I+D y el resto a inteligencia artificial y otras áreas. Todo contribuye a la ambición de la compañía de traer 20 nuevos medicamentos hasta 2030: ya llevamos once y vamos por buen camino.
¿Cómo valora el ecosistema de colaboración público-privada en España para atraer inversión en I+D frente a otros mercados europeos?
A nivel de I+D, España es un pilar crítico para toda la industria farmacéutica, no solo para AstraZeneca. Aquí, somos líderes en ensayos clínicos: tenemos 258 ensayos en marcha, lo que representa en torno a un 27-28% del total de los ensayos que se autorizan cada año; es decir, contribuimos con casi un 30% de la ciencia que se está haciendo ahora mismo en el país. A eso se suma la calidad de nuestros investigadores españoles, equiparable a la de Estados Unidos o China, la calidad de los profesionales sanitarios y la infraestructura hospitalaria. Pero el elemento más diferencial es la generosidad de los pacientes españoles: cuando su médico les ofrece participar en un ensayo clínico, normalmente aceptan. Lo vemos también en las tasas de vacunación, siempre entre las más altas del mundo. Es algo que debemos seguir cultivando junto al Gobierno para mantener nuestro liderazgo en desarrollo clínico.
Toda esa innovación necesita un marco legislativo que la acompañe. ¿El sistema español está a la altura?
Estamos trabajando para mejorarlo. Vemos disponibilidad por parte del Gobierno, los ministerios y las comunidades autónomas, pero queda tarea pendiente. Si repasamos la inversión en I+D: EEUU invierte en torno a un 3,4% de su PIB, Europa tiene el compromiso de llegar al 3% pero lleva años estancada en el 2,2%, y España está en el 1,5%, a mitad de camino de ese objetivo europeo. El segundo problema es el acceso. Como europeos tenemos el compromiso de que la innovación llegue al paciente en torno a 180 días. Alemania lo consigue en unos 158 días, según el último informe WAIT. En España estamos tardando 537 días de media, y más de 600 para Oncología. Cuando la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprueba un fármaco, pacientes y médicos saben que existe, pero tarda demasiado en llegar. En AstraZeneca recibimos llamadas de pacientes pidiendo acceso, sobre todo en cáncer avanzado, donde las alternativas se agotan, y ahí entra la angustia de las familias. El tercer punto es el nivel de inversión en fármacos innovadores, estancado también en torno al 0,53% del PIB desde hace años, mientras la población envejece: las personas de más de 65 años han aumentado más de un 20%. El 70% de ese incremento en longevidad se debe a la innovación y a los medicamentos. El medicamento no es un gasto, es una inversión en salud.
Como apunta, ese acceso ágil a la innovación sigue siendo un reto en el sistema sanitario español. Desde el Gobierno se argumenta que los ensayos clínicos ya dan acceso a los pacientes mientras se resuelve la financiación. ¿Es suficiente?
Es verdad que el ensayo clínico siempre aporta al sistema: genera manejo de un fármaco que, si funciona, llegará al mercado, y da oportunidad a pacientes en áreas de alta necesidad sin alternativas. Pero los ensayos tienen una duración limitada. En enfermedades agudas como el cáncer, esos pacientes siguen en tratamiento financiado por el laboratorio hasta que acaba el ensayo -que puede durar 5, 6 o 7 años-, y luego deben saltar a la medicación ya comercializada. Ahí pueden producirse ventanas sin alternativa terapéutica, lo que supone un drama muy serio que hay que explicar con cuidado a los pacientes.
Hay aspectos geopolíticos (los aranceles de EEUU, la guerra de Irán...) que afectan a la predictibilidad que necesita esta industria. ¿Cómo encara la compañía estos vaivenes?
Es un momento complejo, de mucha incertidumbre e inestabilidad, pero en Europa tenemos los mimbres: la investigación, en la que somos líderes, y hay que mantenerla.
¿Cómo se mantiene la competitividad europea que se desprende de ese liderazgo?
Primero, no sobrerregulando: poner en marcha un ensayo clínico es competitivo, el primero en arrancar es el que recluta a los pacientes. En EEUU y China se tarda de media 60 días en aprobar un ensayo; en Europa llegamos a 110 días, y con las regulaciones locales podemos casi duplicar ese tiempo. La patronal europea de los laboratorios [EFPIA, por sus siglas en inglés] y la nueva Biotech Act plantean reducirlo a 75 días, pero seguimos sin ser competitivos frente a China o EEUU. Segundo, la inversión per cápita en innovación: en Estados Unidos está en torno al 0,7-0,8%; en Europa, en el 0,3%. La Administración Trump reclama que Europa financie la innovación al mismo nivel, y Europa tiene que dar ese paso desde un modelo sanitario distinto, el de la cobertura universal. Y tercero, el tiempo de acceso: podemos traer la mejor innovación del mundo, pero si no llega al paciente, es inversión y tiempo perdido.
El 'informe Draghi' señaló a la industria farmacéutica como una de las fortalezas de Europa frente a EEUU y Asia. ¿Cómo se consigue este paso?
Han pasado ya dos años desde el informe Draghi y llevamos dos años de discusiones, pero vamos avanzando. La farmacéutica es una de las pocas industrias en las que Europa puede ser líder mundial: generamos en torno a un millón de empleos a nivel europeo, y en España, según Farmaindustria, estamos en torno a los 270.000 puestos de trabajo directos e indirectos. Draghi fue claro en lo que hay que mejorar: evitar la sobrerregulación, que nos resta competitividad frente al resto del mundo; reducir los tiempos de los ensayos clínicos; revisar la inversión en I+D, estancada por debajo de China y EEUU; proteger la propiedad intelectual, mucho más restringida en Europa que en Estados Unidos, Reino Unido o Suiza; y reconocer e invertir en innovación. Como industria necesitamos predictibilidad en dos planos: cuánto va a costar el fármaco y cuánto tiempo real de propiedad intelectual vamos a tener.
España cuenta con una Estrategia de la Industria Farmacéutica consensuada entre Gobierno e industria. ¿Va por buen camino o hay fricciones?
Creo que sí vamos dando pasos. En un contexto de incertidumbre con 27 Estados miembros, España es, que yo sepa, el único país con una estrategia de la industria farmacéutica pactada entre Gobierno e industria, lo que ya es un signo importante de intención política. Lo que falta trabajar es la inversión en innovación: necesitamos nuevos modelos de gestión de precio y reembolso, y de valoración en vida real. En Alemania, por ejemplo, fijan un precio, ponen el fármaco a disposición de los pacientes y, tras 12 meses de evidencia en vida real, revisan ese precio. Para replicarlo en España necesitamos interoperabilidad de datos, que ahora mismo no tenemos. Trabajamos de la mano primero con el Gobierno y luego con las comunidades autónomas, que son las que financian con sus presupuestos; algunas están más avanzadas en evaluación de resultados, lo que facilita pilotar nuevos modelos. El ideal sería un acuerdo entre todos los agentes para lograr esa interoperabilidad, y ahí la inteligencia artificial va a jugar un papel importante en los próximos años.
Mónica García ha apuntado la posibilidad de revisar la protección adicional de 12 meses, y la nueva ley del medicamento está en trámite. ¿Cómo lo valora la industria?
Vemos intención de ampliar esos 12 meses, pero tanto Farmaindustria como la EFPIA sostienen que se necesita más amplitud, porque esa protección se centra en un tipo concreto de fármacos y hay que ir más allá. Sobre la ley del medicamento, es un esfuerzo que llevábamos esperando mucho tiempo. Ha habido disposición del Gobierno para trabajarla con los distintos agentes y su aprobación por el Consejo de Ministros es un paso importante. ¿Es perfecta para la industria? No. ¿Lo es para el Gobierno? Tampoco. Hay que encontrar un balance que satisfaga a todos. Creemos que la intención es mejorar los tiempos de acceso, y eso se aborda con tres normas en paralelo: la ley del medicamento, la nueva ley de tecnología sanitaria y la de precio y reembolso. Pensamos que dan respuesta a lo que se empuja desde Europa con la Biotech Act y la nueva legislación farmacéutica europea. Esperamos su tramitación pueda avanzar y quedar cerrada en esta legislatura.
Revisando su 'pipeline': de los 20 nuevos medicamentos previstos para 2030, ¿cómo se reparten por áreas terapéuticas, y hay alguno que pueda marcar un punto de inflexión en los próximos años?
En torno a un 50% sería oncología, donde estamos muy enfocados en anticuerpos monoclonales conjugados, combinaciones, medicamentos biespecíficos y terapia celular. El otro 50% se reparte entre cardiovascular, renal, metabólica, respiratoria, enfermedades infecciosas y enfermedades raras. Es difícil señalar uno solo, porque toda la innovación que traemos es disruptiva y ambiciona cambiar la vida de los pacientes; en el área de metabolismo, por ejemplo, estamos en fases avanzadas de un fármaco para la pérdida de peso, en formato pastilla; también en cardiovascular estamos cada vez más cerca de lanzar un tratamiento contra la hipertensión resistente. Después de 20 años en oncología, sin tener los resultados de los ensayos es arriesgado hacer afirmaciones, pero la terapia génica va a suponer un cambio importante, no solo en tumores hematológicos sino también en tumores sólidos y enfermedades inmunológicas: ahí habrá un antes y un después. El mensaje de fondo es que tenemos un pipeline muy diversificado, con foco en el diagnóstico precoz y en la medicina de precisión, que para mí es la verdadera sostenibilidad: dar el tratamiento específico a la persona específica.
La inteligencia artificial y el 'big data' llevan años integrados en el 'hub'. ¿Cómo se traduce en el día a día?
Más del 90% de nuestros programas de pequeñas moléculas se desarrollan ya de alguna manera con inteligencia artificial; es parte de nuestro día a día. Para implementarla, primero nos aseguramos de que los empleados tengan la capacitación adecuada bajo el concepto de the human in the loop, con el humano siempre en el centro para supervisar la IA. Trabajamos mucho con startups, a las que ayudamos a desarrollarse a través de aceleradoras. Por ejemplo, hemos puesto en marcha proyectos de IA conversacional que han reducido casi 8.000 horas de llamadas telefónicas entre médicos y pacientes, ayudando al médico a priorizar cuándo es necesario contactar. También colaboramos con Tempus para acelerar e identificar ensayos clínicos en fase 3 y fase 4.
El sector farmacéutico en España destaca por su alta presencia femenina en ciencia y sanidad, pero la brecha persiste en la alta dirección. ¿Cuáles son los desafíos pendientes?
Esta industria es un privilegio en ese sentido. En mi comité de dirección somos un 80% mujeres; de hecho buscamos diversidad, ¡pero para traer caballeros!. También vemos una tendencia clara en los ensayos clínicos, donde cada vez más investigadoras principales lideran los proyectos, y seguimos trabajando para que haya más presencia femenina en los steering committees. El gran reto para que la mujer llegue a la alta dirección es acostumbrarnos a viajar y a salir fuera. Como españolas, nos cuesta dar el salto y ganar experiencia en Europa, EEUU o Asia. En la compañía tenemos programas de importación y exportación de talento: en el hub, un 70% es talento nacional -incluido el que hemos logrado repatriar- y el 30% restante es internacional, donde más de la mitad también son mujeres. Además, impulsamos proyectos para trabajar desde el colegio motivando a las niñas hacia las carreras STEM, explicándoles las oportunidades que ofrece la ciencia y la industria farmacéutica.
Con el crecimiento tan rápido de los equipos en España, especialmente perfiles digitales, científicos y de datos, ¿cómo se mantiene una cultura corporativa cohesionada que sea atractiva para el talento joven, sin que choque con la cultura tradicional de una gran farmacéutica?
España es un lugar maravilloso para atraer talento. Como expatriada -he vivido fuera más de diez años-, valoro que el país ofrece una calidad de vida altísima y mucha seguridad, también en lo sanitario; es un buen sitio tanto para extranjeros como para nacionales.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Lanzamiento de 20 nuevas moléculas para 2030.
Likely · Within years
Open Questions
- ¿Cuándo se aprobará finalmente la nueva ley del medicamento?
- ¿Cómo se resolverá la interoperabilidad de datos entre comunidades autónomas?







