
El periodista Jeff Horwitz analiza el impacto del acuerdo judicial que resuelve las demandas de 29 estados de EE. UU. sobre la seguridad de los menores en las plataformas de Meta.
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El caso surge tras la filtración de documentos internos por parte de Frances Haugen en 2021, que revelaron el conocimiento de Meta sobre los efectos negativos de sus plataformas en menores.
Sólo unas semanas después de las elecciones de 2020 en Estados Unidos Jeff Horwitz, entonces reportero de The Wall Street Journal, recibió un mensaje privado en su cuenta de LinkedIn. Al otro lado, Frances Haugen, directora de producto de nivel intermedio del Equipo de Integridad Cívica de Facebook. "La gente tiene que entender lo que está pasando aquí", le advirtió.
Seis años después de aquel mensaje, Meta -compañía matriz de aplicaciones como WhatsApp, Instagram y también Facebook- ha aceptado pagar 18.000 millones de dólares para resolver las demandas presentadas por hasta 29 Estados de EEUU en las que se acusaba al imperio de Mark Zuckerberg de diseñar sus plataformas para enganchar a los adolescentes, engañar a sus usuarios sobre sus medidas de seguridad, recopilar indebidamente datos de menores y, sobre todo, conocer el daño que estaban causando... y ocultarlo. Justo eso es lo que estaba pasando allí el día que Haugen escribió a Horwitz.
El acuerdo se hizo público la semana pasada, se aplicará en 48 Estados y compromete a Meta a revisar sus controles y el tiempo de acceso de los menores a sus herramientas.
"No me corresponde a mí decir si es un acuerdo justo o bueno, pero sí diré que algunas de las acusaciones más graves formuladas por los Estados no son comportamientos que el acuerdo aborde directamente", advierte Horwitz a través del correo electrónico desde San Francisco. "Por ejemplo, Meta no está obligada a modificar el funcionamiento de sus sistemas de recomendación ni a cambiar la manera en que determina cuándo los usuarios sufren algún perjuicio. El daño que se le atribuye se aborda de forma más indirecta, sólo mediante límites al tiempo de uso. Y sí, 18.000 millones de dólares es mucho dinero... pero Meta puede permitirse ese pago perfectamente".
Jeff Horwitz es ahora periodista de investigación tecnológica en Reuters y este mismo año ganó el premio Pulitzer por su cobertura de todas las miserias de Meta. La resolución del juicio, que apenas duró una semana, ha generado un debate a nivel mundial sobre la responsabilidad de las grandes corporaciones tecnológicas en el daño que provoca el diseño de sus redes sociales y sobre la aplicación real que tendrán las medidas que Meta se compromete a aplicar en el futuro. Pero sobre todo ha servido para desenmascarar sin filtro las malas prácticas que Horwitz empezó a descubrir el día que Frances Haugen le contestó por LinkedIn. Así que rebobinemos de nuevo.
Tras cuatro años dedicándose a la investigación política en Washington, Horwitz se había mudado a finales de 2020 a la Costa Oeste de Estados Unidos para cubrir la información relativa a la compañía de Mark Zuckerberg. "Un trabajo que llevaba aparejada la desagradable necesidad de fingir que escribía con autoridad sobre una empresa a la que no entendía", escribe en su libro Código Roto (Ariel, 2024).
Durante meses el periodista contactó con antiguos empleados de Facebook y frio a mensajes a sus máximos responsables para tratar de destripar la "caja negra" de una plataforma que ya generaba entonces todo tipo de sospechas por su capacidad para distorsionar la conducta de sus usuarios, viralizar información falsa o alimentar el fanatismo político. "La compañía sabía mucho más de lo que decía sobre las consecuencias negativas del uso de las redes sociales", creía Horwitz. Frances Haugen se lo confirmó.
Unos días después de su primer mensaje en LinkedIn, Horwitz y Haugen se citaron en una ruta de senderismo en unas colinas detrás de Oakland. Caminaron por los bosques de secuoyas de California y pasaron a verse casi cada semana comiendo sushi en el patio trasero de la casa del periodista. "Para eludir la potencial vigilancia tanto como fuera posible, pagué en efectivo un teléfono Samsung barato y se lo entregué a Haugen, a quien me dirigía como Sean McCabe", cuenta Horwitz.
Tras muchas horas de conversaciones y decenas de miles de documentos confidenciales, el 13 de septiembre de 2021, vio la luz la primera entrega de los llamados Papeles de Facebook, una investigación que durante semanas —primero en The Wall Street Journal y después a través de un consorcio de medios internacional— reveló que Meta siempre fue plenamente consciente del impacto negativo que sus redes sociales tenían en la capacidad de atención, las ideas políticas o la salud mental de sus usuarios, especialmente los más jóvenes, la influencia de sus plataformas en la difusión de fake news y mensajes de odio o su rentable explotación de la polarización en todo el planeta.
El 3 de octubre, Haugen reveló públicamente su identidad como garganta profunda y dos días después declaró ante el Senado estadounidense. Arrancó así un largo proceso político y judicial que desembocó en el mayor juicio contra Meta por haber alimentado la adicción a las redes sociales de millones de niños y adolescentes. El pasado 26 de agosto, sólo ocho días después del inicio del proceso contra la compañía de Zuckerberg en el Tribunal Federal del Distrito Norte de California, Meta aceptó un acuerdo sin reconocer infracción alguna.
"Es bastante habitual que las grandes investigaciones multiestatales llevadas a cabo por fiscales generales terminen en un acuerdo", reconoce Horwitz. "Aunque el momento en que se produjo fue bastante dramático".
Meta decidió zanjar el proceso justo durante la declaración de Adam Mosseri, director de Instagram, y justo antes de que Mark Zuckerberg tuviera que subir al estrado.
¿Qué cree que preocupaba más a Zuckerberg y a sus abogados: el dinero que Meta podía perder o lo que podía salir a la luz durante el juicio?
Durante el proceso ya salieron a la luz muchos documentos interesantes, pero es imposible saber qué podríamos haber descubierto si el juicio hubiera seguido adelante. Escuchar a Mark Zuckerberg hablar de estos asuntos siempre resulta interesante, pero ya tiene mucha experiencia declarando sobre cuestiones similares.
¿18.000 millones de dólares es suficiente dinero como para cambiar de verdad el comportamiento de una compañía como Meta?
Meta es un actor dominante en uno de los negocios más rentables del mundo. El año pasado declaró unos beneficios operativos de más de 80.000 millones de dólares, y este acuerdo supondrá como máximo unos 1.800 millones de dólares anuales en pagos. Está previsto que se abone en varios plazos a lo largo de una década y una parte del dinero depende de que los Estados alcancen acuerdos similares con los competidores de Meta en el ámbito de las redes sociales. Además, es una cantidad pequeña en comparación con lo que la compañía está invirtiendo actualmente en la construcción de centros de datos, pero sigue siendo mucho dinero y no hay ninguna razón para pensar que Meta no vaya a seguir enfrentándose a nuevos litigios en esta misma línea.
Una de las ideas centrales de los Papeles de Facebook y de lo que usted contó después en su libro ‘Código Roto’ es que Facebook conocía muchos de los problemas que provocaban sus productos. ¿Hasta qué punto ha confirmado esa tesis la resolución del juicio en Oakland?
Desde luego, no ha habido ninguna confirmación oficial durante el juicio. Aunque Meta está pagando mucho dinero e imponiendo algunas restricciones adicionales a las cuentas de adolescentes que tiene identificadas como tales, la compañía no ha reconocido los supuestos fallos de diseño de sus productos ni ha asumido responsabilidad alguna por los daños causados. Así que no creo que pueda decir que se haya confirmado nada. Dicho esto, una de las grandes ventajas que tuve cuando escribí sobre estos asuntos fue el acceso a muchísimos documentos internos de Meta que mostraban cómo abordaba la compañía las decisiones entre el bienestar de los usuarios y el crecimiento del uso de sus plataformas. Ha sido extraordinario ver cómo algunos de esos documentos han acabado formando parte de los litigios contra la compañía. Pero yo apenas había visto una parte de todo ese material: los Estados obtuvieron cientos de miles de páginas de documentos, así que también hubo muchos descubrimientos nuevos en la documentación judicial.
"18.000 millones de dólares es mucho dinero... pero Meta puede permitirse ese pago perfectamente"
Durante meses Horwitz accedió a investigaciones y estudios internos de Meta, presentaciones a directivos y conversaciones de empleados que permitían reconstruir lo que la compañía conocía sobre el daño que ellos mismos estaban provocando. Por ejemplo, que el 32% de las adolescentes que se sentían mal con su cuerpo aseguraban que Instagram les hacía sentirse peor. O que el 13% de los adolescentes británicos y el 6% de los estadounidenses que habían tenido pensamientos suicidas los atribuían también a Instagram. Meta sabía que sus usuarios más jóvenes eran los más propensos a ser blanco de acosadores, extorsionadores y depredadores sexuales. Y sabía que los rentables cambios en su algoritmo podían favorecer el contenido polarizador, la desinformación y las publicaciones que generaban indignación. Ante el riesgo de que sus ingresos cayeran, tomó una decisión radical: no hacer nada.
Ahora, el acuerdo judicial obliga a Meta a introducir límites de uso a los menores de edad, restricciones durante la noche o controles parentales.
¿Son cambios sustanciales o pura cosmética?
Para empezar, creo que es importante reconocer que estos cambios se aplican a los adolescentes estadounidenses, que representan solo una pequeña parte de la base de usuarios menores de edad de Meta. No hay nada que obligue a aplicar estos cambios a escala internacional. Por tanto, cualquier modificación que pueda producirse en España o en Europa como consecuencia de este acuerdo es una cuestión completamente distinta. En cuanto a sus efectos en Estados Unidos, dentro de Meta se considera que los controles parentales son, en gran medida, algo que los padres dicen querer pero que rara vez utilizan. Las restricciones a las notificaciones durante el horario escolar o a altas horas de la noche son importantes, y algunos directivos de Meta incluso defendían que deberían haberse introducido hace mucho tiempo. Pero lo que potencialmente podría tener un mayor impacto son los límites al tiempo de uso de los adolescentes. Sin embargo, hay una importante salvedad respecto a la relevancia de esos límites: solo se aplican a las cuentas que Meta identifica como pertenecientes a menores. Como Facebook e Instagram no obligan a los usuarios a verificar su edad, no está claro hasta qué punto funcionará este sistema. Por ejemplo, pese a la prohibición del uso de redes sociales por parte de menores de 16 años aprobada en Australia el año pasado, los reguladores de ese país han determinado que los adolescentes de esa edad siguen accediendo habitualmente a las plataformas sociales. Así que todavía no está claro que una obligación impuesta en Estados Unidos vaya a producir un resultado diferente.
El acuerdo no elimina los contenidos personalizados ni el modelo de publicidad segmentada de Meta. ¿Es realmente posible proteger a los adolescentes sin tocar el modelo de negocio de Meta?
El mismo día en que se anunció el acuerdo, el principal testigo presentado por los Estados contra Meta —un antiguo ingeniero de seguridad llamado Arturo Béjar— planteó esa cuestión. Creo que él y otros destacados críticos de la compañía esperaban que un acuerdo obligara a Meta a introducir cambios más profundos en el funcionamiento de sus sistemas de recomendación o a limitar determinados contenidos que los adolescentes han señalado históricamente como factores que contribuyen a problemas de autoestima o a un uso problemático de las plataformas. Sin embargo, existen algunos obstáculos específicamente estadounidenses para obligar a las compañías a introducir esos cambios. Una parte de la legislación estadounidense establece que las plataformas no pueden ser consideradas responsables por los contenidos generados por los usuarios, y los tribunales han interpretado tradicionalmente esta norma como una protección que proporciona a las empresas de redes sociales una inmunidad casi absoluta frente a las demandas por daños relacionados con sus plataformas. Incluso si los Estados hubieran ganado su caso contra Meta, siempre existió una posibilidad seria de que cualquier sentencia que obtuvieran terminara siendo revocada por el Tribunal Supremo de Estados Unidos.
¿Pueden Facebook o Instagram llegar a ser realmente seguros sin dejar de ser los productos enormemente rentables que conocemos hoy?
No puedo decir cómo deberían ser las redes sociales, pero ninguna de las propuestas internas de Meta para mejorar la seguridad en Facebook e Instagram contemplaba que la compañía dejara de ser rentable. Colocar anuncios junto a los contenidos que publican gratuitamente miles de millones de usuarios es, sencillamente, un negocio increíblemente bueno. En determinados momentos, se llegó a prohibir al personal de seguridad realizar cualquier cambio en la plataforma que pudiera perjudicar los ingresos o reducir el número de usuarios diarios.
"Facebook llegó a prohibir cualquier cambio en la plataforma que pudiera perjudicar los ingresos o reducir el número de usuarios diarios"
Cuenta Horwitz en Código roto que Frances Haugen abandonó Facebook el 17 de mayo de 2021. Ese día, el periodista reservó una mesa en un restaurante de lujo para celebrarlo. "Pedí un taxi a las 18.30 para que nos llevara allí, pero Haugen todavía estaba ocupada descargando todo el organigrama de la compañía", recuerda en su libro. "Antes de apagar el ordenador, hizo una última búsqueda en Workplace [la plataforma de comunicación corporativa de Meta], suponiendo que sería lo último que vería el Equipo de Seguridad de Facebook en su inevitable análisis forense. ‘No odio Facebook —empezó diciendo—. Me encanta Facebook. Quiero salvarlo’. Acabó de escribir, pulsó enter y apagó el ordenador".
¿Qué ha cambiado más desde que usted publicó por primera vez los 'Papeles de Facebook': las redes sociales o nuestra manera de percibirlas?
Creo que ha habido dos grandes cambios en los últimos años. El primero es que buena parte del debate sobre si las redes están diseñadas de una manera apropiada para los niños ha ido desapareciendo. A medida que han salido documentos que demuestran, por ejemplo, que la compañía siguió adelante con filtros de belleza basados en inteligencia artificial que imitaban operaciones de cirugía estética pese a las recomendaciones de sus asesores especializados en psicología adolescente, o que permitió conscientemente que menores utilizaran chatbots diseñados con capacidad para mantener conversaciones de carácter romántico, ya no ha habido tantos argumentos en defensa de la compañía como solía haber. Por otro lado, parece que la gente ha rebajado sus expectativas sobre lo que experimenta en las redes. Cuando escucho a alguien quejarse de haber visto algo horrible en una red social, la respuesta suele ser: ‘Bueno, son las redes sociales.

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