La derrota de Donald Trump en las elecciones de medio mandato provoca un repliegue táctico en partidos afines de Francia, Italia y España.
Tras la derrota en las elecciones de medio mandato en EE.UU., partidos de extrema derecha en Francia, Italia y España adoptan estrategias de distanciamiento respecto a Donald Trump, mientras en Paraguay se destituye a Santiago Peña tras un escándalo financiero.
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Las elecciones de medio mandato en EE.UU. han supuesto un revés para Donald Trump, alterando las dinámicas de sus aliados internacionales.
Aún no ha transcurrido una semana de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos y ya se pone en marcha el viejo ritual de alejarse del perdedor. “Donald, si te he visto no me acuerdo”. Y también asistimos al no menos antiguo ritual del atrincheramiento por parte del derrotado. El presidente de Estados Unidos nombró ayer como nuevo jefe de gabinete a Stephen Miller, su colaborador de perfil más duro en la Casa Blanca, el arquitecto de las deportaciones masivas. Un estratega político sin escrúpulos para defender una presidencia que será duramente fiscalizada por la Cámara de Representantes y el Senado. Empieza un nuevo tiempo.
En Francia, el Reagrupamiento Nacional (antiguo Frente Nacional) emite la consigna de alejarse de Donald Trump para no sufrir castigo en las importantísimas elecciones presidenciales de la próxima primavera, en un momento en que Marine Le Pen encabeza los sondeos. Bien es verdad que la extrema derecha francesa nunca se ha entregado en cuerpo y alma al movimiento MAGA. Francia es gaullista, ningún político francés que aspire a la presidencia de la República puede aparecer como un sirviente de los Estados Unidos. RN se ha colocado en estado de alerta: “Trump?, connais pas”.
En Italia, donde la política es muy teatral, la coalición que encabeza Giorgia Meloni ya ha iniciado el ritual transformista: “Nunca hemos sido trumpistas”, dice el ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, de Forza Italia. Matteo Salvini, servitore di due padroni, Trump y Vladímir Putin, calla. “Yo sólo soy meloniana”, ha dicho la interesada, que hace menos de un año se jactaba ante algunos periodistas de hablar por teléfono con el presidente de los Estados Unidos más de una vez a la semana. Hasta hace unos meses, Meloni quería ser la gran mediadora entre Washington y Bruselas. No lo ha conseguido, porque el Emperador no cree en las mediaciones.
Todo empezó a estropearse el día en que Trump le exigió más belicosidad con el papa León XIV y más apoyo en la guerra de Irán. Ningún gobernante italiano, sea del partido que sea, puede secundar de manera abierta una ofensiva contra el Papa; ningún primer ministro italiano puede meter a su país en una guerra en Oriente Medio, porque la política exterior de la República siempre ha sido muy prudente en esa zona del mundo, en perfecta concordancia, desde hace décadas, con la visión del Vaticano.
Y en estos momentos hay un motivo adicional para ir con pies de plomo: Italia sigue siendo muy dependiente del gas, perdió el gas ruso con la guerra de Ucrania, y no ahora puede arriesgar. Ha de ir con mucho cuidado en Oriente Medio y en el Mediterráneo Oriental. Ha de ir con mucho cuidado en Libia. Trump se enfadó con Meloni, le menospreció, y hoy ella se aleja, despechada.
¿Y en España? “Si te he visto no me acuerdo” es muy español, en convivencia con otro lema que dice: “A lo hecho, pecho”. Me interesa alejarme, pero si se nota demasiado puede ser perjudicial. Esa es la posición adoptada estos días por Santiago Abascal, presidente de Vox. Le Pen y Meloni irán a elecciones en primavera, tienen meses por delante para tomarle las medidas a la nueva situación. Abascal no dispone de ese margen. El jefe de filas de Vox ha recordado estos días que Trump sigue siendo el presidente y que a España le conviene tener la mejor relación posible con Estados Unidos. Evidentemente, los electores de Vox no se van a dedicar estos días a un simposio sobre las relaciones internacionales después de las Midterm.
España acude a las urnas dentro de tres semanas y cualquier viraje brusco podría ser perjudicial para Vox, en un momento en que este partido se aproxima al 19% en las encuestas y cuenta con grandes posibilidades de formar parte del futuro gobierno. No pueden enviar señales de flojera a sus votantes más enardecidos. Y no pueden descuidar sus nexos con los nuevos gobiernos latinoamericanos de derecha radical, valiosos nexos que necesitan el visado de la Administración Trump.
Vox es un partido que ha apostado fuerte en la política internacional: estrecha relación con el movimiento MAGA, estrecha relación con el Gobierno israelí saliente, plataforma Patriotas por Europa, excelente relación con Meloni pese a no compartir el mismo grupo parlamentario en Bruselas, y una agenda latinoamericana en estos momentos más potente que la del Partido Popular. Con todo, Abascal ha evitado estas semanas aparecer fotografiado al lado de Javier Milei, en las dos visitas casi consecutivas del presidente de Argentina a España. Milei es hoy un activo tóxico para las derechas.
El gobierno de Paraguay se convierte también en otro factor tóxico para esa corriente latinoamericana después de la quiebra de un banco privado vinculado al presidente del país, Santiago Peña, debido al desplome de su índice de solvencia. En ese banco estaban depositados 335 millones de dólares destinados al sistema de pensiones. El 60% de la población de Paraguay tiene hoy en riesgo sus ahorros. Peña ha sido destituido por el Senado de Paraguay. El escándalo es mayúsculo.
La opinión del Partido Popular sobre el resultado de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos no es en estos momentos muy precisa. Como es bien sabido, a Alberto Núñez Feijóo no le gusta hablar de política internacional.
¿Influirá el descalabro de Trump en la campaña electoral española? Puede que influya más en las elecciones presidenciales francesas, previstas para la primavera, y en las legislativas italianas, que deberían celebrarse en otoño del 2027, pero podrían adelantarse. Los cambios de dinámica en la política internacional no siempre tienen una traducción rápida en las coyunturas nacionales. A menos que..., a menos que en las próximas semanas, Donald Trump, humillado por la abultada derrota, ordene un ataque militar de alta intensidad contra Irán y se desate de nuevo el infierno en el golfo Pérsico. Su primera reacción es el atrincheramiento. El halcón Miller dirigirá el gabinete presidencial. Un motivo más para la prudencia de Abascal.
¿Estamos ante un cambio de ciclo después de las elecciones en Brasil y Estados Unidos, principales pilares del continente americano? Habría que ser prudentes al respecto. Estamos ante un cambio de dinámica. En Brasil, el mito Lula ha derrotado a un hijo de papá que afrontaba ls elecciones con muchísimo dinero y poderosos apoyos. Se han activado los contrapoderes parlamentarios de Estados Unidos y el presidente se dispone a atrincherarse. Ello no quiere decir que las derechas radicales europeas vayan a entrar inmediatamente en declive. Se adaptarán a la nueva dinámica. Moldearán su lenguaje. Ya lo están haciendo.
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Las derechas radicales europeas adaptarán su discurso y se distanciarán de Trump
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