El escándalo Master y la carrera electoral de Lula en Brasil
Quick Look
El escándalo financiero del Banco Master, vinculado al banquero Daniel Vorcaro y al juez Alexandre de Moraes, impacta la campaña electoral de Luiz Inácio Lula da Silva para su cuarto mandato, mientras enfrenta a Flávio Bolsonaro, quien heredó el apellido y las controversias de su padre Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado.
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Why It Matters
Brasil enfrenta una elección presidencial polarizada entre Lula da Silva, buscando su cuarto mandato, y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado. El escándalo del Banco Master, con un desvío de más de 50.000 millones de reales, involucra al banquero Daniel Vorcaro y al juez Alexandre de Moraes, cuyas interacciones se revelaron mediante mensajes de texto.
La política es como una nube. Cuando la miras por segunda vez, ya ha cambiado de lugar. Y si ni con satélites y supercomputadoras la meteorología logra acertar qué tiempo hará, qué decir de la ciencia política cuando intenta predecir una elección. Después de la tormenta, ahí sí, basta con rebobinar las imágenes para encontrar el punto exacto donde empezó a formarse. Con la economía en un gran momento y el país lejos de la amenaza golpista, Luiz Inácio Lula da Silva tenía todo para llegar a este domingo, 4 de octubre, con el viento a favor en la disputa por su cuarto mandato. En cambio, llega apretado frente a Flávio Bolsonaro, un adversario con poco más de la mitad de su edad y ni sombra de su talento político, pero que lleva el apellido de otra gran fuerza política brasileña. Ahora, con datos que antes nadie tenía, podemos identificar el momento exacto en que se formó el escenario actual.
El pasado 15 de noviembre, un banquero poco conocido escribió a un número guardado en su móvil como “Alexandre de Moraes”, el juez más conocido y divisivo del Supremo Tribunal Federal: “¿Crees que el lunes ya tengo que estar fuera?”. El lunes insistió: “¿Lograste bloquear [mi arresto]?”. Se confirmó que el número al que recurrió aquel banquero era el de Moraes, pero el juez niega haber recibido los mensajes. Esa noche, el banquero fue detenido en el aeropuerto de São Paulo cuando iba a embarcar en su avión privado rumbo a Dubái. Solo entonces el país conoció a Daniel Vorcaro, acusado del mayor fraude financiero de la historia de Brasil. Al día siguiente, el Banco Central liquidó el Banco Master y reveló un agujero de más de 50.000 millones de reales (9.600 millones de dólares) que se llevó hasta pensiones de funcionarios.
Vorcaro era entonces un personaje nuevo en una telenovela que tenía otro protagonista: el propio Alexandre de Moraes. Y tardaría meses en saberse que el escándalo del banquero era también el del juez. Cinco días después, el mismo Moraes decretó la prisión preventiva de Jair Bolsonaro, ya condenado a 27 años por intento de golpe de Estado, que había tratado de romper su tobillera electrónica con un lápiz soldador. Dos semanas más tarde, desde la celda, Bolsonaro ungió candidato a su hijo Flávio, que arrancó con el 18% de intención de voto.
Lula, mientras tanto, negociaba con Donald Trump el fin de los aranceles a Brasil y de las sanciones a Moraes, castigos alentados por el entonces diputado Eduardo Bolsonaro, el más metepatas de los hijos de Jair. Le salió el tiro por la culata: la derecha, tras años envuelta en la bandera, quedó como traidora a la patria, y Lula, con el discurso de la soberanía, salió de los números rojos hasta empatar aprobación y desaprobación. En diciembre, Trump levantó las sanciones a Moraes. Esa misma semana, el juez pasó de héroe a villano: se supo que el banco de Vorcaro había contratado por 129 millones de reales (25 millones de dólares) al bufete de su esposa.
Pero la llama nacionalista no bastó para casi un año de carrera electoral. La población no siente en el bolsillo los buenos números del Gobierno: el desempleo, de 5,3%, ronda el mínimo histórico, pero las deudas, también récord, se llevan casi el 30% de los ingresos.
Lula también paga por ser Lula. En siete campañas presidenciales, la oposición cambió de cara y de valores varias veces, pero el enemigo siempre fue él. Se le atribuye todo lo que la derecha llama corrupción: la literal, aunque sus condenas fueron anuladas, y la moral, porque encarna a un campo progresista que pide igualdad de género, aborto legal y libertad sexual.
Para la izquierda, Lula sacó millones de personas de los mapas del hambre, abrió la universidad a los pobres y concluyó el mandato en 2010, con más de 80% de aprobación. Se aferran a él por gratitud, por nostalgia y porque es lo que hay frente a la extrema derecha, pero hace tiempo que no entusiasma más allá de sus seguidores más fieles. Fue Moraes, un hombre venido de la derecha, quien le dio a la izquierda lo que echaba en falta: acción rápida contra el golpismo de Bolsonaro y alguien a quien animar con ganas.
Ahora que su nombre aparece en el celular de Vorcaro, la izquierda perdió el discurso de que democracia y moral estaban de su lado. La derecha ganó dos veces. Vinculó a Lula con Moraes, el juez que encarceló a su adversario, y de rebote con el caso Master, aunque no haya nada contra él. Y halló en la desgracia del juez cómo desviar el cañón que apuntaba a su candidato, Flávio, el más enredado de los hijos de Jair.
Lo que pesa contra Flávio es peor que corrupción: condecoró a paramilitares acusados de asesinato, empleó en su despacho a familiares del presunto jefe de un grupo de sicarios y destinó dinero público a una ONG ligada a los condenados por el asesinato de la concejala Marielle Franco. Pero esos viejos escándalos, ya anulados o archivados, parecen un juego al lado de los 24 millones de dólares que le pidió a Vorcaro, supuestamente para una película sobre su padre. Parte terminó en un fondo en Texas, y la policía investiga si ese dinero, incluido el de jubilados, pagó la estancia de su hermano Eduardo en Estados Unidos mientras conspiraba contra Brasil.
El caso Master no fue un rayo caído sobre un solo bando, sino un remolino que cruzó todas las señales. La derecha nacionalista le pide auxilio a Trump. La derecha nacida de la cruzada anticorrupción defiende a un candidato enredado en corrupción. La izquierda paga por haberse enamorado de un juez punitivista. Y quienes defienden el Estado laico respiran gracias al rumor de que Flávio le quitaría a la virgen de Aparecida el título de patrona de Brasil.
Pero la elección la decidirán los votantes con los que ningún lado conversa, gente atenta a las cosas concretas de la vida: el alquiler impagable, la comida que no baja, el bus que llega tarde, lleno y sofocante, el examen médico que debería tardar 30 días, no 30 meses. Gente que no revisa las imágenes de satélite para entender cómo se encadenaron los hechos. Gente que mira al cielo y simplemente se pregunta: ¿Cómo está el día hoy?
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
La justicia brasileña continuará investigando los vínculos entre Daniel Vorcaro y Alexandre de Moraes tras las elecciones.
Likely · Within months
Flávio Bolsonaro enfrentará presión creciente para explicar su solicitud de 24 millones de dólares a Vorcaro.
Very likely · Within weeks
Open Questions
- ¿Qué papel tuvo exactamente Alexandre de Moraes en las operaciones del Banco Master?
- ¿Se probará que Flávio Bolsonaro recibió los 24 millones de dólares solicitados a Daniel Vorcaro?
- ¿Cómo afectará el escándalo Master a la percepción pública de la judicatura brasileña?
- ¿Qué consecuencias tendrá la investigación sobre los fondos enviados a Texas?







