
El ingeniero experto en hardware releva a Tim Cook al frente de una empresa valorada en 4,7 billones de dólares y con grandes retos por delante, como la inteligencia artificial.
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John Ternus sucede a Tim Cook como consejero delegado de Apple tras una larga trayectoria en la compañía centrada en el diseño de hardware.
El sueldo de John Ternus (Estados Unidos, 51 años) como nuevo consejero delegado de Apple será de tres millones de dólares al año (unos 2,6 millones de euros), más un paquete accionarial de 55 millones. Es mucho, muchísimo. Pero se queda lejos del billón de dólares que podría cobrar Elon Musk según objetivos en la próxima década, o de los 200 millones al año que cobra Cristiano Ronaldo por jugar en la liga saudí de fútbol. Es cierto que, si algo no parece Ternus, es una estrella. Es más bien un perfil reservado, uno de esos a los que siempre gusta tener cerca por su facilidad para cometer pocos errores.
Reemplaza a Tim Cook, que entró para llenar el inabarcable hueco que dejó Steve Jobs (fundador, visionario, líder espiritual), y que se retira tras multiplicar por 13 el valor de Apple, dejando un hueco casi igual de grande. En este caso, la transición será más suave. Cook se queda como presidente ejecutivo y se encargará de labores diplomáticas, entre las que están llevarse bien con Donald Trump e ir de vez en cuando a China y Europa. Será así, en principio, hasta que se celebren las próximas elecciones para ocupar la Casa Blanca.
La empresa que hereda Ternus vale alrededor de 4,7 billones de dólares (cuatro billones de euros) por capitalización bursátil y viene de firmar un trimestre récord de beneficio neto. Aun así, tiene varios frentes abiertos, y dos de ellos tienen que ver con la inteligencia artificial (IA). Ternus se encontrará un mercado de chips y memorias muy distinto al de hace unos años: los centros de datos se han convertido en clientes prioritarios para los fabricantes porque compran enormes cantidades y pagan más. El segundo frente afecta al propio papel de Apple en esta revolución. Si OpenAI, Anthropic o Google construyen los modelos más potentes, su tarea será encontrar la manera más sencilla, elegante y útil de poner esa inteligencia en manos de millones de personas.
Lo primero que llama la atención de Ternus es lo poco que se conoce de él. No se sabe quiénes fueron sus padres, ni si está casado o si tiene hijos. Saberlo, claro, lo debe saber mucha gente, pero no los medios, que se han tenido que agarrar a detalles como que fue un gran nadador o que, en una ocasión, se enfadó bastante porque alguien no puso unos tornillos en su sitio. Redes sociales tampoco tiene. En realidad, esta opacidad, lejos de ser premeditada, es relativamente común entre directivos que han hecho toda su carrera en la misma empresa.
Que no sepamos cómo se llamaba su novia del instituto, si la tuvo, o si le gusta más desayunar salado o dulce, no significa que no conozcamos por qué lo han elegido. Ternus es un experto en hardware (dispositivos informáticos físicos) que construyó una sólida relación con los directivos veteranos. No tiene la visión de diseño de producto de Jobs, ni es un gurú de la cadena de suministro como Cook, pero probablemente conoce mejor que nadie los productos de Apple y los engranajes internos que permiten crearlos.
Estudió Ingeniería Mecánica en la Universidad de Pensilvania. Fue miembro del equipo de natación y, según los periódicos locales de la época, uno bastante competente. Paul Feehery, amigo y compañero de cuarto en la universidad, le recuerda como alguien diligente, enfocado en el trabajo. “Siempre fue un tipo muy discreto, muy aplicado en lo académico, muy reflexivo y nunca, jamás, tomaba decisiones precipitadas”, declaró en el diario local The Daily Pennsylvanian.
Ternus se graduó en 1997 y entró a trabajar en una empresa de tecnología de realidad virtual. En 2001 se incorporó a Apple, al equipo de diseño de producto. Jobs acababa de regresar a la compañía. Es probable que se cruzaran en los pasillos y que se vieran en alguna reunión; no sabemos si hubo algún momento de conexión entre ambos.
Durante 25 años, Ternus fue dejando su huella, lenta e incansablemente, en buena parte del catálogo de la compañía. Los perfiles publicados en medios anglosajones lo retratan como un “buen tipo” y como un ingeniero meticuloso y sensato. No es, a priori, un revolucionario. Sin embargo, en las ocasiones en las que se ha mostrado conservador siempre ha acertado: se opuso al desarrollo del coche de Apple y de las gafas Vision Pro, dos proyectos que acabaron, cada uno a su manera, en fracaso.
Fuera de Apple, Ternus conduce. Es habitual del circuito de Laguna Seca, donde rueda su Porsche por debajo del minuto cuarenta, y a veces se lleva a compañeros de la empresa a los bosques del Estado de Washington a hacer rally fuera de asfalto. Sigue el motor desde la grada, además, como seguidor de la Fórmula 1.
Otro aspecto fundamental en su elección ha sido la edad. Apple cumplió el pasado abril 50 años. Cuando Cook tomó las riendas en 2011, aún quedaban directivos de la era Jobs con carrera por delante. Pero 15 años después, y tras haberse enriquecido gracias a las acciones de Apple, esos ejecutivos reclaman su merecido descanso. Ternus pertenece a una generación posterior y, con vistas a que su mandato se prolongue como los de Jobs y Cook, una de sus primeras tareas será completar una renovación de la cúpula.
Nada más llegar presentará el primer iPhone plegable, la mayor transformación física del teléfono en años. Pero donde se decide todo es en la inteligencia artificial. Por un lado, habrá que ver si la apuesta de la firma de Cupertino por quedarse a un lado en el desarrollo de grandes modelos es acertada. Y por otro, el peligro de que en la nueva era que inaugura la IA la humanidad encuentre finalmente otro dispositivo al que encariñarse. No hay que olvidar que Jony Ive, el diseñador legendario de Apple, trabaja con OpenAI en busca del aparato que destrone al smartphone por excelencia.
Quizá la gran baza de Ternus para triunfar pase por su meticulosidad, esa que le provocó un gran enfado al principio de su carrera. Su primer proyecto fue el Cinema Display, un monitor cuya carcasa se sujetaba con tornillos de acero inoxidable. Una madrugada, en las instalaciones de un proveedor, se descubrió lupa en mano contando las ranuras de la cabeza de uno de ellos y discutiendo porque había 35 en lugar de las 25 previstas. “¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Esto es normal?”, recuerda que pensó, según relató en su discurso que dio en su universidad. Decidió que quizá no lo fuera. Pero también que era lo correcto. “Es difícil dedicar tanto tiempo y esfuerzo a algo. Es estresante, requiere sacrificio, pero vale la pena porque nuestro tiempo es limitado”. Ahora tendrá muchos más detalles en los que fijarse.
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Ternus presentará el primer iPhone plegable.
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