La UE refuerza su apoyo a Ucrania pese a las dificultades para acordar nuevas sanciones contra Rusia
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Tras el ataque frustrado con drones contra el aeropuerto de Leipzig, del que Alemania acusó a Rusia, la UE reafirma su apoyo inquebrantable a Ucrania, aunque reconoce crecientes dificultades para acordar nuevos paquetes de sanciones debido a vetos nacionales y busca enfoques más específicos, como listas temáticas y cierre de lagunas en medidas previas.
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Why It Matters
Tras más de cuatro años de guerra en Ucrania, la UE ha aprobado 21 paquetes de sanciones contra Rusia, pero enfrenta crecientes dificultades para alcanzar la unanimidad debido a vetos nacionales por intereses económicos específicos, como el transporte de GNL en Grecia o las operaciones del banco Raiffeisen en Austria.
Ya no se trata de amenazas híbridas. Son acciones muy reales. El ataque frustrado, con drones cargados de explosivos, contra el aeropuerto alemán de Leipzig, tras el que Berlín ha señalado directamente a Moscú, está marcando un antes y un después en una Unión Europea donde se han multiplicado en las últimas semanas y meses otros incidentes con drones y sabotajes tras el que también se sospecha la mano rusa. El bloque, consciente más que nunca de que el Kremlin ni se plantea por ahora buscar una salida al callejón bélico en que metió a todo el continente con su ofensiva contra Ucrania hace ya más de cuatro años, ha cerrado filas una vez más con Kiev.
“Rusia tiene que entender que estas amenazas, híbridas o no, no van a cambiar la posición de la Unión Europea. Seguiremos estando del lado de Ucrania independientemente de las amenazas que Rusia pueda hacer contra nosotros”, resumió esta semana el sentir de los Veintisiete el presidente del Consejo Europeo, António Costa. Y ello, además de seguir apoyando militar y económicamente a Ucrania, implica buscar nuevas formas de hacer que la guerra le resulte cada vez más costosa a Moscú, coinciden las capitales.
Pero tras más de cuatro intensos años aprobando medidas restrictivas que han puesto ya a casi 3.000 individuos y entidades en las listas negras europeas, en Bruselas también se reconoce la dificultad cada vez mayor de acordar ambiciosos paquetes de sanciones, pese a que constituyen el instrumento más contundente de presión al agresor ruso. No solo porque el ámbito de acción, tras 21 paquetes, empieza a acotarse, sino también porque cada vez cuesta más conseguir que ningún país bloquee las medidas por chocar con intereses nacionales, como sucedió en julio. Algo que está obligando a los Veintisiete a buscar un cambio de método que les permita mantenerse fieles en el fondo, el respaldo “inquebrantable” a Ucrania que saben todos que es lo que más irrita al Kremlin.
Bruselas echó las persianas para el descanso estival con un sabor un tanto agridulce. El 21º paquete de sanciones era ambicioso y duro, pero debería haberlo sido mucho más: al final, varias de las medidas previstas en ese y otros paquetes previos fueron revisadas a la baja después de que varios países se opusieran a algunas de las medidas que dañaban sus intereses nacionales: entre otros, Grecia, que llegó a amenazar con un veto, logró concesiones a su sector naval en torno al transporte de gas natural licuado (GNL) fuera de la UE, mientras que Austria consiguió también una exención para el banco Raiffeisen, que sigue operando en Rusia. Alemania y Portugal bloquearon a su vez los intentos de limitar la entrada de pescado procedente de Rusia, y Francia e Italia descafeinaron la idea de limitar los visados a combatientes rusos que tanto habían impulsado los países bálticos, que siguen exigiendo también mayores restricciones a los visados turísticos para ciudadanos rusos.
Así, mientras Ucrania vivía uno de sus veranos más mortíferos y Alemania evitaba in extremis un ataque en el que, según medios germanos, al menos uno de sus presuntos autores había logrado entrar en territorio europeo con visado turístico italiano, decenas de miles de ciudadanos rusos volvían a pasar vacaciones en playas y otros destinos europeos. Las cifras han bajado sustancialmente desde el inicio de la guerra, de cuatro millones de visados emitidos anualmente hasta 2022 a 618.000 en 2025, según los últimos datos de la Comisión Europea. Pero para muchas capitales, todavía son demasiados los rusos que pueden recorrer Europa con relativa facilidad.
“No está bien que el país bombardee Ucrania, matando más civiles que nunca en esta guerra durante julio y agosto, y que mientras tanto los rusos entren [en la UE] y disfruten de la hospitalidad de los países europeos”, denunció la alta representante para Política Exterior, Kaja Kallas, durante la reunión informal de ministros de Exteriores en Irlanda que inauguró el ciclo político europeo esta semana. Pero aunque la estonia aseguró que ahora hay un “amplio apoyo” para volver a revisar la cuestión de los visados, sigue sin haber garantías de que ello vaya a suceder puesto que, según recuerdan algunos países, todavía no se han resuelto algunas de las cuestiones legales esgrimidas para la rebaja de la iniciativa en julio.
“El hecho de que se manifieste solidaridad política no siempre se traslada en apoyo a medidas concretas”, advierte una fuente diplomática europea.
De hecho, otros llamamientos, como el del ministro de Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, a cerrar todos los consulados rusos en Europa, tampoco han tenido mayor eco, pese a que media docena de gobiernos convocaron tras el incidente de Leipzig a los embajadores rusos a presentar explicaciones y escuchar la condena europea a un ataque cuya autoría Moscú sigue negando.
Las esperanzas también son bajas de que el reciente intento de España, Suecia, Países Bajos y Polonia por reabrir el debate de los activos rusos congelados para financiar la ayuda a Ucrania vaya a quebrar, al menos próximamente, el no rotundo con el que Bélgica ya frenó esa propuesta en diciembre pasado.
En este contexto, cobra más fuerza otro debate que lleva ya unos meses abierto en Bruselas sobre la necesidad de cambiar el “enfoque” de las sanciones, señalan fuentes conocedoras de las deliberaciones a puerta cerrada. En vez de intentar aprobar de forma tan seguida paquetes muy amplios, que requieren de una unanimidad cada vez más difícil de obtener, se trataría de centrarse en objetivos o sectores muy concretos.
Ello no significa necesariamente acabar con los paquetes de sanciones, puntualizan las fuentes, sino trabajar en paralelo en listas más concretas y tematizadas a incluir en las listas negras de la UE. Como los 1.600 nombres de individuos y entidades que Bruselas está ultimando ya de cara a la próxima cita de ministros, en octubre, y que constituye el listado “más grande” trabajado hasta la fecha. También, ha subrayado en los pasados días la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hay que trabajar para cerrar las “lagunas” de paquetes anteriores de sanciones que siguen facilitando que se eludan las restricciones. Como las que permiten que Rusia utilice componentes occidentales y asiáticos en sus armas. Ucrania dice haber identificado más de 5.500 de estos componentes en objetivos rusos neutralizados. “Tras cuatro años de guerra, esto es inexcusable. Esos componentes no deberían estar ahí”, ha condenado Kallas.
Porque pese a las dificultades, “todos estamos de acuerdo en que tenemos que seguir presionando a Rusia, eso nunca ha cambiado”, asevera otra fuente diplomática. “Europa y la OTAN no van solo a mantener la presión sobre Rusia, la vamos a aumentar. Y no vamos a parar”, prometió también Von der Leyen en una comparecencia con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, después de que Berlín acusara el martes a Moscú del atentado frustrado en Leipzig de principios de agosto.
Y eso es importante, subraya Ian Lesser, analista de la oficina en Bruselas del German Marshall Fund (GMF), porque las sanciones también “tienen un carácter altamente simbólico”. Y es que, aunque no hayan logrado por ahora su objetivo principal, llevar a Moscú a la mesa de negociaciones para una salida pacífica de la guerra, las sanciones son también un “mecanismo para generar una respuesta internacional unificada”, subraya en conversación telefónica. “Incluso aunque se sepa que la utilidad de las sanciones, en un sentido directo, es cuestionable, la utilidad política de las sanciones como instrumento sigue siendo válida del lado de los aliados”. Además, agrega, debilitar ahora ese mecanismo de sanciones, “¿qué imagen daría? Enviaría la señal de que Occidente no está unido, y eso es algo que nadie quiere hacer”.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
La UE acordará revisar la política de visados para ciudadanos rusos en los próximos meses
Possible · Within months
Se aprobarán listas más concretas y tematizadas de sanciones en lugar de paquetes amplios que requieren unanimidad
Likely · Within months
Se trabajarán para cerrar las 'lagunas' de paquetes anteriores de sanciones que permiten eludir restricciones, como el uso de componentes occidentales y asiáticos en armas rusas
Likely · Within months
Open Questions
- ¿Logrará la UE superar los vetos nacionales para acordar nuevas sanciones más ambiciosas?
- ¿Se revisará efectivamente la política de visados para ciudadanos rusos a pesar de las objeciones legales mencionadas?
- ¿Podrán los activos rusos congelados ser utilizados para financiar la ayuda a Ucrania tras el veto belga previo?




