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San Blas, ubicado al este y noroeste de Madrid, se desarrolló desde la década de los 60 como un barrio de clase trabajadora, inicialmente lleno de descampados, donde llegaron familias de zonas como Lavapiés. Su transformación estuvo marcada por la llegada de la heroína y economías ilegales desde los años 70, en un contexto de transición política tras el franquismo.
El barrio de San Blas, ubicado al este y noroeste de la capital de España, esconde una historia peculiar, desafortunadamente, muy ligada a la heroína y a diversas formas de delincuencia. Fue, de hecho, un importante núcleo de ciertas economías de la ilegalidad.
Un informante nacido en 1967 nos habla de su experiencia en la zona de finales de los años 70 hasta los primeros 90. "En esa época los niños íbamos a calentar el asiento", recuerda. "En el colegio República de Panamá éramos 60 alumnos y encima nos daban de hostias. Un gran número de los alumnos no sabían casi ni leer ni escribir. Llegaban a octavo para luego dejar el cole y ponerse a currar. Nosotros íbamos a clase con el Panamá (famoso delincuente del barrio), al que llamaban así porque iba a nuestro cole el República de Panamá, pero nosotros eso no lo sabíamos. Para nosotros era el Cifuentes, aunque habíamos oído hablar de un chungo al que llamaban el Panamá. Sin embargo, no sabíamos que era el mismo tío".
Continúa: "Del Panamá se decía que vendía drogas, pero que no se ponía, lo cual despertaba mucha admiración. También se decía que estaba muy fuerte. En aquella época, todo el mundo en San Blas estaba metido en el tema de las artes marciales. Nosotros, para no quedarnos atrás, nos metimos a hacer lucha libre. Había esa cultura de el estar fuerte, sería 1985. La delincuencia del Panamá se nos escapa. Lo conozco más por Ana Rosa Quintana que por el barrio".
"En San Blas había otros personajes de menor relieve, pero que fueron famosos en el barrio durante años. Había un tal M. B. Quedó cojo por un disparo y perdió un ojo al tratar de atracar a un carnicero. Eso último ocurrió en una carnicería de Torrejón. Iba a atracar al carnicero y este le apuñaló el ojo. Toda la delincuencia que había en el barrio estaba vinculada al caballo. Había gente de nuestro colegio que eran bicharracos y que acabaron sin dientes, decrépitos. Ese era muy chungo. Extorsionaba a los propietarios de negocios del barrio; digamos que les cobraba un impuesto revolucionario".
"Se llegó a decir que tenía los carnets de identidad de muchos de ellos para tenerlos amenazados. Así no podían denunciarlo, eso eran leyendas que circulaban. Curiosamente, en la sección F de San Blas las compañías ya no aseguraban a las tiendas y los escaparates de cristal eran de madera. Por otro lado, las farmacias y los estancos eran como búnkeres, tenían rejas, etc. Y así vivíamos. Nuestros padres fueron de los primeros en llegar al barrio en 1962 o 63, cuando estaba lleno de descampados. Mis padres eran de Lavapiés, vivían en la trastienda de una zapatería de la calle Amparo. Para ellos la casa que les dieron en San Blas era como un palacio. Tenía 47 metros cuadrados y dos habitaciones. Éramos tres chicos y mis padres. Imagínate tres tiarrones en una habitación".
La chutas por el suelo
San Blas nunca fue un barrio tan reivindicativo como lo fue Vallecas, por ejemplo. Uno de mis entrevistados afirma que, en los 90, algún taxista llegó a dejarle en Ciudad Lineal para evitar adentrarse en el barrio. También había quien decía vivir en la prolongación de Arturo Soria para no confesar que era de San Blas. De hecho, el Centro Comercial Las Rosas era también conocido como la prolongación de O'Donnell. Mucha gente del barrio fumaban sus chinos de heroína cubiertos con sus propias chaquetas (para hacer un submarino y que no se perdiese el humo que emanaba de la droga). Al verlos, había gente que decía: "¡Mira, otro que está revelando fotos!", como cometa uno de mis entrevistados: "¡El barrio estaba cuajado de chutas!".
En relación con el famoso poblado de los Focos, donde proliferaba la venta de drogas, comenta: "De pronto en la sección H se dieron cuenta de que muchas casas se estaban cayendo porque fueron construidas en terrenos arcillosos. Entonces, durante un tiempo estuvieron las casas prefabricadas del poblado de los Focos, que se convirtieron en un auténtico gueto una vez la gente que vivía en ellos fue realojada, puesto que quedaron vacías".
El secreto de Los Focos
El poblado surgió a finales de los 70 y se convirtió en el mayor asentamiento chabolista del país. El nombre del lugar proviene de las enormes torres que iluminaban la zona. "Yo recuerdo ver entrar a Los Chichos en el poblado con un BMW verde", comenta uno. "Ahí, los gitanos vendían saneamientos, lavabos, etc. Los saneamientos se vendían en Los Focos mucho antes que la droga. Cuenta la gente del barrio que la droga la trajo a San Blas un gitano de Extremadura. Este se dedicaba al contrabando de tabaco, etc, al vivir cerca de Portugal, y descubrió que lo que daba dinero era la droga".
La Sala Argentina, por otra parte, era una sala de fiestas tradicional ubicada muy cerca del metro de San Blas. Ahí se celebraban bodas y las parejas bailaban música tradicional, como podría ser Paquito el chocolatero. En un momento dado, pasó a ser una sala donde se celebraban conciertos de rock duro y heavy metal. "Se convirtió en una discoteca para la chavalería", comenta un informante. "Recuerdo a unas señoras manifestándose en la puerta y gritando: '¡En este baile se vende droga!'.
La Sala Argentina fueron también unos cines. "Yo recuerdo que el acomodador pegaba con un palo a la gente que hacía ruido para que se callasen", comenta uno de mis entrevistados. "Yo recuerdo ir a ver películas en sesión continua, y había gente sin camiseta". Cuando era proyectada una película de cine quinqui, el público siempre aplaudía cuando el criminal se salía con la suya o dejaba en evidencia a la policía, algo que innumerables testimonios independientes de la época mencionan. Digamos que los años de la Transición fueron eminentemente antiautoritarios, lo que suponía una reacción a décadas de la férrea autoridad franquista.
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